Amarse a uno mismo

Querernos nos hace bien, nos hace felices. Y es el mejor regalo que podemos ofrecer a los demás...!!!

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Cada vez que nos enojamos con alguien, cada vez que nos sentimos víctimas de una ofensa o agresión, “sabemos” que fuimos tratados de una manera injusta o desconsiderada, que no hemos recibido el trato que nos merecemos. Ese maltrato nos provoca una “razonable” sensación de enojo o disgusto, y en ese punto frecuentemente reclamamos (o al menos nos sentimos con derecho a recibir) algún tipo de reparación de parte del agresor, o aunque más no sea una disculpa, es decir, el reconocimiento de que efectivamente fuimos maltratados.

Ilustración de un hombre y una mujer distanciados, en mundos diferentes (Título: Together, Autor: Pete Revonkorpi)
Las ilustraciones son de Pete Revonkorpi

Muchas veces comentamos estos incidentes con nuestros amigos. Se los contamos, lógicamente, tal como los hemos percibido, es decir, mostrándoles con claridad lo injustos que han sido con nosotros. Ellos, naturalmente, suelen darnos la razón porque todos compartimos la misma manera de interpretar estas situaciones.

Hoy quisiera proponerte una interpretación diferente acerca de qué es realmente una ofensa, cuál es el verdadero significado del enojo que nos provoca y, finalmente, qué es el perdón y cómo se puede alcanzar.

Ante todo, te invito a recordar situaciones que te han causado dolor y en las que te resulta difícil perdonar, pero que objetivamente no hayan sido muy graves, que no hayan provocado “daños irreparables”. Te pido esto sólo para facilitar la exposición y la aceptación de estas ideas; luego, revisando situaciones “más serias”, podrás comprobar si realmente son de validez universal.

Veamos: algunas veces nos resulta muy sencillo perdonar, incluso en circunstancias en las que sabemos que otras personas no pueden hacerlo. Y otras veces somos nosotros los que no perdonamos ni aún intentándolo sinceramente. Esto nos permite concluir que para que haya verdadero enojo no basta con que la situación que lo provoca tenga determinadas características; es necesario además que el que la percibe tenga “algo”, “algo” que lo hace reaccionar con enojo. Más aún, quienes no tienen ese “algo”, pueden presenciar o verse envueltos en situaciones que nos enojan, pero sin sentirse afectados en absoluto.

Bien. Pero entonces…

¿Qué es ese misterioso “algo” que previamente debemos tener en nosotros para que una determinada situación o persona nos resulte tan irritante como para hacernos enojar?

Tal vez ya conozcas la respuesta a esta pregunta. Probablemente ya la hayas escuchado alguna vez. Pero no es frecuente que la gente la acepte y que saque provecho de ese conocimiento en su vida cotidiana. Entre otras cosas porque contradice el “sentido común”, y también porque niega la legitimidad de algunas de nuestras emociones más arraigadas, de las que habitualmente no desconfiamos.

Ilustración de un hombre y una mujer separándose (Título: Once Upon an Autumn Night, Autor: Pete Revonkorpi)

Lo que nos enoja de cierta actitud de alguien o lo que nos molesta de una determinada situación que nos toca enfrentar, es que nos muestran, tal como si fueran un espejo, un rasgo o un conflicto que en realidad es nuestro, que forma parte de nuestro mundo interior.

La situación o la persona que nos enojan, recrean frente a nosotros una característica propia, de nuestra personalidad. Pero no una característica cualquiera, sino una con la que no estamos conformes, que nos resulta especialmente desagradable y a la que combatimos en nosotros mismos. Este proceso por el cual vemos “afuera” rasgos o conflictos que llevamos “adentro” se conoce como proyección, pero no es precisamente algo nuevo.

La novedad es que podemos sacar provecho de estas situaciones o personas que tanto nos afectan, porque nos permiten descubrir aquellas características nuestras que nos disgustan profundamente o aquellas actitudes injustas o desconsideradas que tenemos hacia nosotros mismos y que tanto dolor nos provocan.

Siempre, sin excepciones, lo que nos disgusta ver “afuera” tiene su equivalente en nuestro mundo interno, donde no podemos verlo fácilmente. Y si odiamos eso que vemos afuera, también odiamos a esa parte nuestra a la que tanto se parece.

Y para reconciliarnos con nosotros mismos, para aceptarnos, para querernos, para aumentar nuestro nivel de autoestima, es necesario que conozcamos estas características que consideramos negativas, que entendamos que corresponden a un cierto estado de evolución o de aprendizaje en el que nos encontramos en este momento, que las aceptemos con tolerancia y comprensión, y que nos amemos profundamente aún teniéndolas, de la misma manera en que nos resulta muy fácil amar a un niño aunque, lógicamente, también él tenga que completar su evolución y aunque todavía le queden muchas cosas por aprender.

Comprendido este proceso, identificado el verdadero origen de nuestro enojo, ya no resulta posible sostenerlo por mucho tiempo. Tenemos por delante, entonces, un nuevo desafío, mucho más estimulante que el de combatir (sin posibilidad de éxito) contra la realidad, y mucho más agradable que el de tratar de obligar a los demás a que se ajusten a nuestras exigencias. Es el desafío de amarnos, de amarnos incondicionalmente.

Y perdonar, entonces, es muy fácil. Es la lógica consecuencia de comprender que nunca existió la ofensa que habíamos percibido. Que el dolor experimentado era real, sí, pero que la herida nos la habíamos infringido nosotros mismos, mucho tiempo atrás.

Axel Piskulic

Cómo perdonar

Un escenario muy frecuente: Las personas que una y otra vez quedan atrapadas en situaciones en las que son tratadas de manera desconsiderada (o humilladas, traicionadas, ignoradas, etc.) es muy probable que así se traten a sí mismas cada día. Las situaciones externas recrean esos dolorosos conflictos internos que normalmente no podemos descubrir en nosotros.

Muchas veces conseguimos perdonar cuando la ofensa queda ya muy atrás en el pasado o nos alejamos definitivamente de la persona que sentimos que nos ofendió. Pero este no es el verdadero perdón sino que tiene más que ver con olvidar, y el hecho de que todo el proceso normalmente lleve mucho tiempo parece confirmarlo.

El verdadero perdón es algo completamente diferente y sólo es posible si somos capaces de “despertar”, de liberarnos de viejas creencias equivocadas, de pasar a un nivel superior de consciencia.

Ilustración de una mujer a punto de iniciar una nueva etapa (Título: Going to Sleep, Autor: Pete Revonkorpi)

Por ejemplo: Si alguien tiene una deuda con nosotros y decide no devolvernos lo que nos debe, tal vez eso nos haga enojar. Pero si aprendiéramos a atraer a nuestras vidas un nuevo nivel de abundancia en lo material (como muchas personas han logrado), si realmente ya no tuviéramos ninguna preocupación por lo económico, es probable que la misma pequeña deuda ya no nos importe demasiado.

Del mismo modo:

Si conseguimos pasar a un nivel superior de fortaleza emocional, si podemos desarrollar un mayor nivel de autoestima, entonces lo que hoy tanto nos molesta de la conducta de los demás simplemente dejará de preocuparnos. E incluso lo más probable es que los demás perciban nuestra nueva posición y comiencen a tratarnos con más respeto y consideración.

Una buena idea cuando tenemos conflictos y dificultades para perdonar es volver nuestra atención hacia nuestro mundo interno y comprometernos firmemente a aceptarnos, a querernos y a cuidarnos, es decir, a desarrollar un mayor nivel de autoestima… Porque si nos sentimos a gusto tal como somos, si tenemos una relación saludable con nosotros mismos, si somos capaces de vernos amorosamente en cualquier circunstancia, es decir, si nos queremos sin condiciones, entonces, ejerciendo nuestra milagrosa facultad de crear la propia realidad, haremos que nuestra vida refleje la paz, la armonía y el bienestar que desarrollamos primero en nuestro mundo interior.

Axel

Las ilustraciones son de Pete Revonkorpi

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  1. Norma Cardona dice:

    Namaste, bendiciones, excelentes tus artículos.

  2. Silvia dice:

    Axel, como de costumbre siempre llegan tus cosas en el momento justo!! Infinitamente agradecida!

    Abrazos…

    Silvia

  3. Carol dice:

    Muchas Gracias por toda esta maravillosa información!!!

    Y creo que lo mas conveniente es leerla una y otra vez y hacer lo conveniente para llevarla a la experiencia, igual una y otra vez hasta que podamos hacerla parte de nuestra vida diaria… esto nos llevaría a crear una conciencia real de nuestra vida y estar presentes a cada momento…

    INFINITAMENTE AGRADECIDA!!! Te mando un gran abrazo lleno de amor…

    DIOS TE SIGA BENDICIENDO SIEMPRE

  4. Gust dice:

    Gracias Axel, muy enriquecedores tus temas. En mi caso personal mi principal reto es perdonarme a mí mismo. Entiendo que mi problema es concentrarme demasiado en mí, pero la paz y bienestar interior que quisiera no logro encontrarlas.

  5. Marta dice:

    Muchas gracias, Axel, por tu explicación a mi pregunta, creo que ahora lo entiendo claramente.

    Un abrazo

  6. Marta dice:

    Hola a tod@s, lo primero gracias por compartir estos hermosos artículos. Y segundo me gustaría saber si he entendido bien algo, acerca de este artículo en concreto. Cuando alguien cercano a nosotros no nos trata con respeto, no es honesto con nosotros… Significa que nosotros mismos nos maltratamos, o que de alguna manera, no somos honestos con nosotros mismos? Independientemente de que respetemos, tratemos bien, y seamos honestos con el resto de las personas? Es eso lo que nos quiere transmitir este artículo, entre otras cosas?

    Respuesta de Axel para Marta:

    Hola Marta! Muchas gracias por la visita y por dejar tu mensaje.

    Efectivamente esa es la idea… o casi. Usando tu propio ejemplo, la idea completa sería así: Cuando alguien no nos trata con respeto o no es honesto con nosotros y esto nos afecta de una manera exagerada (esta es la clave, que nos afecta de una manera exagerada), es señal de que así nos tratamos a nosotros mismos, normalmente sin darnos cuenta, de manera inconsciente.

    Aquí estamos hablando de esos conflictos que se dan todos los días, en el trabajo, la familia, etc. Lo aclaro porque siempre sale algún lector que plantea situaciones extremas que no se dan habitualmente, y presenta casos de hipotéticos atentados terroristas, asesinos seriales, etc. La idea del artículo se refiere al 99,9 % de los conflictos en los que nos vemos envueltos a lo largo de la vida.

    Las personas que se que respetan y que se tratan amorosamente a sí mismas también están expuestas a el maltrato de otras personas. Pero pueden manejarlo sin perder el equilibrio. Comprenden que es el otro el que tiene un problema, saben defenderse de una manera natural y espontánea, y llegado el caso saben tomar una saludable distancia de la otra persona.

    Y efectivamente esta manera de tratarnos a nosotros mismos no implica que también tratemos así a los demás. A veces somos crueles e injustos con nosotros mismos, pero a la vez tratamos con mucho respeto a los demás (tal vez porque sabemos que nadie a nuestro alrededor aceptaría que lo tratemos así de mal!).

    Te mando un gran abrazo…!!!

    Axel

  7. Cecilia dice:

    Gracias por permitirme reflexionar, ciertamente es algo que ya sabemos, pero preferimos ignorarlo.

  8. Verónica dice:

    También tengo un agradecimiento inmenso con este blog. Mi pareja empezó una relación con otra persona y me dejó casi inmediatamente por ella. Yo he perdonado a mi expareja pero no he podido perdonar a su nueva pareja. He reflexionado sobre qué es lo que veo en ella que me cuesta tanto trabajo y me ha tenido deprimida ya un largo tiempo y no logro aún aclararlo…

  9. Flavia dice:

    Excelente artículo, pero hay algo que no comparto o quizás no llegue a comprender, cito textualmente lo siguiente:

    “Lo que nos enoja de cierta actitud de alguien o lo que nos molesta de una determinada situación que nos toca enfrentar, es que nos muestran, tal como si fueran un espejo, un rasgo o un conflicto que en realidad es nuestro, que forma parte de nuestro mundo interior.”

    Explico el porqué de mi duda, yo no soy capaz de traicionar a nadie, mi principio elemental de vida es la lealtad! Entonces, ¿por qué he sufrido traiciones? No considero que esto sea un fiel reflejo de mi persona. Me gustaría si puedes aclararme esta inquietud. Gracias!

    Flavia

    Respuesta de Axel para Flavia:

    Hola Flavia! Muchas gracias por la visita y por dejar tu mensaje. Esta idea siempre es muy polémica. Parece contradecir el más elemental sentido común.

    Si nos molesta mucho ver ciertos rasgos en los demás, como el ser desordenados o impuntuales o mentirosos, esto no significa que nosotros efectivamente dejamos todo tirado por cualquier lado, lleguemos tarde a nuestros compromisos o digamos mentiras todo el tiempo. Seguramente que nosotros nunca nos comportaríamos así. Pero independientemente de cómo actuemos “exteriormente” es necesario entender si tenemos ese rasgo o no.

    Te doy un ejemplo concreto que ya usé para responder alguna pregunta parecida: una madre que se enoja exageradamente con su hija adolescente porque no se preocupa por mantener el orden y la limpieza. Es importante destacar que en este ejemplo a la madre le molesta EXAGERADAMENTE ese rasgo de su hija.

    Si esa madre se convirtió en la persona ordenada que ahora es a través de una educación muy estricta, porque su madre se lo impuso sin ninguna consideración, tal vez con algún grado de violencia, de manera que finalmente “no le quedó más remedio” que actuar como una persona ordenada… entonces, en alguna parte esa madre todavía lleva adentro a la adolescente desordenada que ella misma fue. Realmente no tuvo la opción de desarrollar esa virtud, antes tuvo que empezar a actuar como si de verdad fuera una adolescente ordenada, tuvo que empezar a fingir lo que no era.

    Y lo más probable es que realmente odie tener que ocuparse de mantener el orden y la limpieza, que le disguste mucho más que a otra persona cualquiera.

    Y ahora, cuando se enfrenta a su hija adolescente que no está dispuesta a fingir, toda su dolorosa estrategia de represión queda cuestionada… simplemente no puede permitirlo. Lo que está en juego ya no es simplemente si la habitación de una adolescente está ordenada o no.

    Cada vez que reaccionamos muy mal ante un rasgo de otra persona es que hay algo nuestro que está involucrado, a veces es algo evidente y a veces es algo que todavía permanece inconsciente.

    Cada uno de nosotros tiene todos los rasgos posibles. Claro que algunos de esos rasgos los tenemos “bajo control”. Y cuando decimos “Yo nunca, bajo ninguna circunstancia, actuaría de tal o cual manera”, no significa necesariamente que no tenemos ese rasgo en nuestro repertorio de conductas, sino solo que no nos permitimos actuar así. Y si no podemos ver ese rasgo en otros con cierta indiferencia, entonces es probable que haya algo nuestro relacionado con esa característica que deba ser sanado.

    Te mando un gran abrazo…!!!

    Axel

  10. Noely dice:

    Es algo complicado el escudriñar dentro de uno mismo y ver qué es lo que realmente me hace sentir tanto enojo y malestar…

    Gracias por sus artículos!!

  11. Adriana Ríos dice:

    Buen día lo mejor me encanta el artículo. Sabes que creía el padre de mi hijo me había hecho mucho daño, hoy me doy cuenta del daño que nos hacemos nosotros mismos ya que analizando la situación no es tan grave lo que hizo, se equivocó como cualquier ser humano que no es perfecto y por ende comete errores, por mucho tiempo he llevado este resentimiento conmigo y hoy logro verlo de un modo diferente. Gracias mil y mil gracias por compartir este maravilloso mundo conmigo. Que Dios les bendiga.

  12. Telma dice:

    Bendiciones!!!!! GRACIAS.

  13. Patricia dice:

    Hola Axel, Gracias! Muy Buen artículo, para reflexionar y poner en práctica!

    NAMASTÉ!

  14. Nohora dice:

    Hola, Gracias por sus mensajes, me sirven mucho.

    Pero, me está pasando que al tratar de perdonar a mi exesposo yo lo visualizo y por más que trate de no verlo como “malo” es demasiado difícil dejarlo en el lugar donde deben estar las personas que ya perdoné…

    Respuesta de Axel para Nohora:

    Hola! Entiendo lo que te pasa… nos pasa a todos. No se trata de olvidar lo que pasó ni de ignorar las consecuencias reales de lo que nos hicieron. Se trata sólo de cambiar nuestras emociones respecto de ese asunto, de “desactivar” toda emoción de rencor… Y aún así no es fácil.

    Pero muchas veces es bueno llegar a ese punto donde comprendemos qué es lo que deberíamos hacer pero por más que lo intentamos no podemos lograrlo.

    Entonces es el momento de pedir a ese Poder Superior del que todos formamos parte que sea sanada nuestra mente, precisamente porque nosotros mismos no podemos hacerlo.

    Muchas veces no podemos cambiarnos a nosotros mismos, pero basta con que tengamos la voluntad de cambiar y pongamos esa tarea en manos de Dios.

    Te mando un gran abrazo…!!!

    Axel

  15. Saile dice:

    Gracias, inmensamente agradecida de leer tan buen artículo, me hizo reflexionar sobre la importancia de darle el justo valor a las situaciones, así como revisarme qué aspectos niego de mí y los proyecto. Un honor recibir de uds tan valioso material, bendiciones!!!

  16. Julia dice:

    Cada día al abrir mi correo me sorprende y gratifica que cada uno de los artículos que nos compartes llega en el momento justo!! Sin duda atraemos todo aquello que nos proponemos, sobre todo las palabras justas para cada situación de cambio.

    Porque esto es la vida, movimiento, cambios, EVOLUCIÓN!!

    Muchas Gracias.

    Julia

  17. Enrique dice:

    Y en el mar de información de Internet, encuentro a tu texto que expresa lo que vengo sintiendo con mi pareja.

    En nuestro caso, la que se siente ofendida es ella, y no logro reconocer en mi actitud algo reprochable, más allá del hacerla sentirse mal. Y me entristece que me diga “hacete cargo”.

    Trato de cuestionarme y me pregunto cómo debería actuar en este caso…

    No quiero quedarme en la cómoda posición de decir “la ofensa está en vos”, ni ponerme en una posición de superioridad.

    Entonces básicamente mi pregunta es:

    Cuando el otro se ofende con mi actitud, ¿tengo derecho a cuestionar la legitimidad de su sentimiento?

    ¿Cómo puedo pedir perdón por esta actitud si no reconozco en ella un error?

    Muchas gracias por compartir tus ideas.

    Saludos!

    Respuesta de Axel para Enrique:

    Hola Enrique, muchas gracias por visitar el blog y por dejar tu mensaje.

    En todos los casos el que se siente ofendido tiene que revisar lo que le pasa. Un caso que sirve de ejemplo es el de las personas que son tan celosas de sus parejas que imaginan todo el tiempo situaciones de infidelidad. Si no hay infidelidad no hay por qué pedir disculpas ni hay por qué estar dando explicaciones permanentemente.

    Sin embargo, la relación de pareja es tan estrecha que no es posible no estar involucrados de alguna manera en cada situación conflictiva. Siguiendo con el ejemplo anterior, alguien que elige una pareja que es excesivamente celosa (o muy susceptible de cualquier otro modo), también tiene que revisar su elección y su responsabilidad.

    Somos plenamente responsables de nuestras experiencias. Si estamos envueltos en una situación problemática o conflictiva, tenemos responsabilidad en su creación y también tenemos la capacidad de resolverla.

    Una buena idea es que ambos hagan una consulta con un psicólogo especializado en terapia de pareja. Otra buena idea (que no excluye a la anterior) es repetir mentalmente una breve oración pidiendo comprensión, pidiendo la solución del problema pero reconociendo que fuimos nosotros los que lo creamos.

    Te mando un gran abrazo…!!!

    Axel

  18. Mari dice:

    Muchas gracias por tener estos artículos que ayudan y nos muestran cómo superar o entender situaciones que nosotros mismos no vemos y que provocamos con nuestros actos.

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