Por Axel Piskulic,

Edgar Allan Poe (ilustración de David G. Forés)
Edgar Allan Poe, ilustración de David G. Forés

La carta robada es un cuento de Edgar Allan Poe publicado en el año 1844.

La carta en cuestión contiene información muy importante y se sabe que está escondida en la casa del ladrón. La policía consigue ingresar en secreto a la casa y la revisa íntegramente, pero sin poder encontrarla. La búsqueda fue minuciosa, se revisaron absolutamente todos los posibles escondites, aun los más insólitos, pero la carta no pudo ser hallada.

La policía entonces acude a Auguste Dupin, un personaje parecido a Sherlock Holmes, Hércules Poirot y otros detectives similares (aunque anterior a todos ellos), quien finalmente consigue encontrar la carta en unos pocos minutos.

¿Dónde estaba la carta? Estaba a la vista de todos, un poco arrugada, junto con algunos papeles irrelevantes. El ladrón sabía que a veces la mejor manera de ocultar algo es dejarlo en un lugar tan evidente que a nadie se le ocurriría buscarlo ahí.

El autor va más allá. Propone que cuanto más inteligente es el que busca, es más probable que cometa el error de concentrarse en revisar los lugares más extraños e inaccesibles, como hizo la policía en este cuento, y pasar por alto los más simples y obvios.

Edgar Allan Poe

Historia de los dos que soñaron

Historia de los dos que soñaron es un relato muy breve que pertenece a “Las mil y una noches”. En esta historia tan original, que fue escrita hace más de mil años, también hay algo muy valioso que está escondido y que es necesario encontrar.

Un hombre tiene un sueño en el que recibe un mensaje: debe dejarlo todo e ir a una lejana ciudad en busca de un tesoro. A la mañana siguiente emprende el largo camino. Tiene que superar numerosos obstáculos y peligros. Al llegar todo sale mal y termina preso y brutalmente golpeado. Luego es interrogado y relata su sueño. Se ríen de su ingenuidad y alguien le cuenta un sueño similar pero referido a la ciudad de la que él viene, El Cairo. En este otro sueño hay una casa parecida a la suya, en cuyo jardín hay un tesoro oculto. Demostrada su inocencia, el preso es liberado. Consigue regresar a El Cairo y finalmente encuentra el tesoro en el jardín de su propia casa.

En “La carta robada”, eso que no podía ser hallado estaba a la vista de todos. Y en “Historia de los dos que soñaron”, estaba en la propia casa del protagonista. En ambos casos era mucho más fácil de encontrar de lo que parecía.

Tal vez esta idea que se repite en las dos historias pueda extenderse a otras situaciones. Tal vez estemos buscando algo y no podamos encontrarlo. Tal vez estemos buscándolo en el lugar equivocado. Tal vez estuvo siempre a nuestro alcance pero no nos dimos cuenta.

Salud, dinero y amor

Todos queremos sentirnos bien. Todos queremos ser felices.

Para saber dónde estamos buscando nuestra felicidad basta con que respondamos una sencilla pregunta: ¿qué debería cambiar en nuestra vida para sentirnos plenamente felices? Sea cual sea nuestro problema es casi seguro que pertenece a una de estas tres categorías que parecen abarcarlo todo: salud, trabajo y relaciones (o salud, dinero y amor, como dice la canción).

Sé que es un error condicionar la propia felicidad a cualquier situación externa, pero la verdad es que hay problemas que me preocupan y me hacen olvidar que puedo disfrutar plenamente de mi presente tal como es ahora.

El momento presente, es decir, ese único instante en el que todas las cosas suceden, encierra un tesoro de alegría, plenitud y paz que tal vez sólo hemos experimentado en algunos raros momentos.

Existen numerosas referencias acerca de esta posibilidad que está siempre a nuestro alcance pero que, sin embargo, normalmente no podemos descubrir. Algunas son historias o parábolas, como la del anciano que mendigaba sentado sobre un simple cajón, que llevaba siempre con él, y que era una de sus muy pocas pertenencias. Un día le pidió limosna a un Maestro que pasaba por el camino, quien se disculpó porque no tenía dinero para compartir, pero le sugirió que revisara bien su cajón, el que finalmente, para sorpresa del mendigo, resultó haber estado siempre lleno de monedas de oro. O como el relato que cuenta que durante la Creación, la felicidad quedó escondida en el interior de cada ser, para recompensar a los más sabios o a los más simples, es decir, a los únicos que la buscarían allí.

¿Donde estamos buscando la felicidad? Para encontrarla no hay que hacer una búsqueda interminable ni emprender un largo y peligroso viaje, como en los dos cuentos mencionados.

Igual que una casa abandonada

Cualquier casa que queda deshabitada se deteriora con el paso del tiempo. También puede pasar que algún intruso la ocupe. Obviamente ambas situaciones perjudican al legítimo dueño.

Salvando las distancias, algo parecido sucede con el momento presente. Podemos vivir plenamente en él, experimentándolo con completa consciencia, o podemos abandonarlo. Si nos identificamos con la incesante corriente de nuestros pensamientos (casi siempre negativos, que nunca se detienen), literalmente abandonamos nuestro “aquí y ahora”… y nuestra vida entonces se deteriora. El ego es ese intruso que ocupa en nuestra mente el legítimo lugar que nos corresponde ejercer, que es el de sentir, experimentar, ser conscientes… En lugar de eso “pensamos” durante todo el día.

Pensar, pensar y pensar, sin que en realidad haya una razón para hacerlo, sin que haya un problema real que requiera ser analizado (lo cual sólo puede llevar unos momentos), es innecesario y profundamente desgastante.

Nuestra mente crea nuestra realidad. Y aunque no estemos atentos y conscientes para crear de manera deliberada las experiencias positivas que queremos vivir, de todas maneras seguiremos creando. Pero serán esos procesos inconscientes, normalmente negativos, los que irán tejiendo nuestra vida. Y nuestra salud, nuestro trabajo y nuestras relaciones reflejarán la falta de atención o de consciencia con que estemos viviendo el presente.

El primer paso es abrir bien los ojos y mirar atentamente el milagroso mundo que nos rodea.

Y sin más demora: echemos al okupa y volvamos a casa. ¡Ya es hora!

Axel Piskulic

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59 comentarios en “La carta robada

  1. Esas historias me han enseňado a no buscar la quinta pata al gato. Todo lo que necesitamos para ser felices siempre está muy cerca. Sólo tenemos que prestar más atención y no ser tan egoístas, a veces pensamos que somos víctimas y no salimos de ese círculo vicioso en lugar de tomar las riendas de nuestra vida y ocuparnos, y si hay alguien que nos necesita cerca entrar en acción inmediatamente y no dar tantas vueltas. Esa es la manera de de ser Feliz. Cada día Acción y No Quejas.

    Muchas GRACIAS AXEL!!!!! TE QUEREMOS MUCHO.

  2. LA VIDA

    Hoy me pregunto:
    ¿Qué es la vida?
    ¿Quizá un sueño que antes de cumplirse, desaparece?

    Caminé buscando mis sueños,
    que, como pompas de jabón
    desaparecieron al tocarlos,
    pues los sueños son… para soñarlos.

    En la juventud encontré inmadurez,
    en la madurez, vejez,
    y al acariciar la muerte…
    me vi sobrado de sabiduría,
    sabiendo que ya no me serviría.

    La vida es un sueño que crece,
    mas, cuando crees poderlo alcanzar,
    desaparece.

    Siempre nos regalas, hoy te envío uno de mis poemas.

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