Acerca de los finales felices

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Final feliz del cuento infantil Blancanieves

Los cuentos infantiles siempre tienen un final feliz. Seguramente los niños no disfrutarían historias muy tristes o en las que los villanos se salgan con la suya.

Y aunque seamos adultos, también es lindo cuando la película que estamos viendo tiene un final feliz.

Claro que hay grandes películas que tienen finales tristes, como “Titanic”, “La vida es bella” o “Thelma y Louise”. Y también hay muchas películas que son tontas o aburridas aunque tengan finales felices. El desenlace de la historia no garantiza nada.

Pero supongo que la mayoría de las personas preferiría ver una película que sea muy buena… y que además tenga un final feliz como el del siguiente video:

Cortometraje Lou, de Pixar («lost and found» puede traducirse como «objetos perdidos»).

No todas las situaciones nos afectan de la misma manera. Entre todos los tipos posibles de finales felices habrá algunos que nos emocionen más y otros menos. Por ejemplo, de tantísimas películas que vi ya me di cuenta que la situación que más me conmueve es aquella en la que al protagonista finalmente se le reconoce su valor y recibe el merecido reconocimiento que tanto anhelaba. Esta situación se repite en muchas historias precisamente porque es muy efectiva. Y de entre las películas recientes, el mejor ejemplo que se me ocurre del uso de este recurso es “La vida secreta de Walter Mitti”.

Trailer de la película «La vida secreta de Walter Mitti»

Por si no la viste sólo diré que el protagonista tiene fantasías todo el tiempo y que la película tiene un final feliz. El contenido de sus fantasías es bastante previsible: sueña despierto con ser una persona sobresaliente, capaz de todo tipo de hazañas y, lógicamente, merecedor de la admiración de todo el mundo. Y el final de la película es un inesperado reconocimiento al trabajo de toda su vida. Es decir que a lo largo de la película se repite una y otra vez la misma situación, muchas veces en las fantasías del protagonista pero finalmente también en la vida real, cuando la película ya termina.

Como tengo la película en mi computadora puedo volver a ver el final cuando quiero. Siempre me conmueve como la primera vez.

Y cuando algo que vemos “afuera” (en una película o en la vida real) desencadena intensas e inesperadas emociones en nosotros, puede ser un provechoso ejercicio preguntarnos qué es lo que nos pasa internamente al respecto.

La proyección

La proyección es el mecanismo psicológico por el cual vemos reflejado “afuera” nuestro propio mundo interno. Podemos ver en otras personas características que en realidad son nuestras y que no estamos dispuestos a aceptar. Dice el refrán: “Cree el ladrón que todos son de su misma condición”. Lo cree precisamente porque está proyectando.

Todo eso que nos molesta del otro es algo que nos molesta de nosotros mismos (caricatura de Ofelia, por Julieta Arroquy)
Esta es Ofelia, un personaje de Julieta Arroquy

Pero también proyectamos en “la realidad” situaciones más complejas que están ocurriendo en nuestra mente y que nos hacen daño. Por ejemplo, si nos tratamos mal a nosotros mismos seguramente veremos el mundo como un lugar cruel y hostil.

La proyección, entonces, nos hace ver a nuestro alrededor un conjunto de características, situaciones y conflictos que en realidad nos pertenecen. La ilusión es casi perfecta. Pero siempre hay una pista que podemos seguir para detectar el engaño. La clave es siempre la misma: cuando la realidad nos muestra eso que hemos reprimido y proyectado, experimentamos una emoción desproporcionadamente intensa. Así, quien se maltrata a sí mismo de manera inconsciente, se enojará de una manera exagerada ante cualquier forma de maltrato externo. La emoción puede ser la adecuada, lo que debe hacernos sospechar es la desproporción entre lo que en realidad sucede y lo que sentimos.

El final feliz de nuestra película personal

Ya dijimos que vemos la realidad a través del mecanismo de la proyección. En cada una de nuestras relaciones y en todas las situaciones que experimentamos colocamos rasgos o conflictos propios que preferimos no ver en nosotros.

No vemos el mundo como es, sino como somos.

Y necesariamente lo mismo sucede con las películas que vemos.

Cada experiencia que vivimos es una oportunidad de aprender algo acerca de nosotros mismos. Y cada película que vemos también. Además, las películas nos ofrecen muchas más posibilidades que la vida real. Basta con encender el televisor para tener acceso a infinidad de series y películas que nos permiten observar situaciones muchísimo más variadas que las de nuestra vida de cada día.

Y cada vez que nuestra identificación con lo que sucede en la pantalla nos provoque una emoción muy fuerte (esta es la clave, que la emoción sea muy fuerte) es una oportunidad para preguntarnos qué es lo que estamos proyectando ahí.

¿Y qué pasa entonces con los finales felices? Bueno, si simplemente te reconfortan y te hacen sonreír, entonces no pasa nada, no hay nada ahí para investigar.

Pero si cierto final feliz te emociona profundamente, si te conmueve hasta las lágrimas, entonces es muy probable que esa escena sea equivalente al final feliz que inconscientemente estás esperando para tu propia vida.

El típico final feliz en el que el protagonista consigue lo que tanto anhelaba y las personas que lo rodean le manifiestan su aprecio y reconocimiento perfectamente puede representar el tan esperado final de nuestro propio drama interno.

Todos queremos ser exitosos y recibir el afecto y la aprobación de los demás. Pero si al ver esa situación en una película se nos cae alguna lágrima, puede significar que necesitamos urgentemente hacer las paces con nosotros mismos, amarnos incondicionalmente y concedernos ya mismo la propia felicidad, ese maravilloso estado interno que ningún logro alcanzado ni ninguna otra persona podría proporcionarnos.

Axel Piskulic

Gif animado que muestra la palabra Fin

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60 comentarios en “Acerca de los finales felices

    1. Hola Carmen, muchas gracias por la visita y por dejar tu mensaje!

      Respecto de tu pregunta… bueno, tendríamos que estar todos de acuerdo acerca de lo que significa «engancharse». Pero creo que sí, uno se engancha cuando algo realmente lo afecta de manera exagerada… y las situaciones que nos afectan de manera exagerada normalmente contienen algo que es nuestro y que no podemos ver fácilmente en nosotros.

      Te mando un gran abrazo…!!!

      Axel Piskulic
      Consultas personales

  1. El artículo es muy interesante, pero por favor necesito tener herramientas para poder ir cambiando ese yo interno. Pregunto: lo que me molesta de los demás, ¿es el reflejo de lo que yo soy? Cómo hago para ir cambiando estos parámetros? Gracias, mensajes hermosos.

  2. Gracias por sus valiosos mensajes, primordial querernos a nosotros mismos. Aprendemos mucho de todo lo que escribe, alimento para el alma.

  3. Buenas tardes Axel, gracias por acordarte nuevamente de enviar mensajes tan importantes que llenan de entusiasmo y motivación a todo el que te sigue, feliz tarde, Dios te bendiga.

  4. Gracias, llegó en un momento oportuno, lo pensaba y me preguntaba esa reacción. Me encantó lo de hacer las paces conmigo misma y que merezco ese final. Gracias.

  5. Gracias Axel!! Qué interesante el artículo! El objetivo es siempre aprender a amarnos y alcanzar la felicidad tan deseada por todos a través de aprender a conocernos a nosotras mismas. Gracias, Dios te bendiga.

  6. Gracias Axel por este artículo tan motivante.

    Recordemos que a la primera persona que debemos aceptar y amar incondicionalmente es a nosotros mismos…

  7. Muchas gracias. Tu reflexión es muy interesante y me recuerda que no sólo yo experimento ciertas emociones y necesidades. Soltar aunque sea unos momentos la falsa creencia de que nuestro yo está en soledad con sus problemas, es una forma de liberarse de su tiranía.

  8. No lo había visto de esta forma, porque vaya que es fácil culpar a los demás!!… Era justo lo que venía necesitando… gracias por mostrar las proyecciones de una manera tan fácil, práctica y didáctica 🙂 Y ahora lo más difícil: ser honesta conmigo misma y ponerlo en práctica 😉

  9. Siempre llegas en el momento indicado. Tus palabras me han ayudado mucho hace años y hoy en día lo continúan haciendo.

    Gracias, por favor no dejes de escribir.

  10. Gracias por volver, pues llevábamos mucho tiempo sin esas lecciones tan hermosas que nos transmites.

    Abrazos agradecidos, pues eres un bálsamo que alivia ese día a día, a veces más duro de lo deseado.

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