Amarse a uno mismo

Querernos nos hace bien, nos hace felices. Y es el mejor regalo que podemos ofrecer a los demás...!!!

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Brevemente, la Ley de Atracción podría resumirse así:

Somos creadores de nuestra realidad, somos ciento por ciento responsables de todo lo que nos pasa y atraemos a nuestras vidas el tipo de experiencias y de relaciones que mejor se ajustan a las emociones que experimentamos con más frecuencia.

Nada dice la Ley de Atracción acerca de trabajar duro para tener un futuro mejor. Sólo nos anticipa que nuestra realidad futura, la que estamos creando ahora, reflejará fielmente nuestro estado emocional actual. Si esto es cierto, la mejor actitud para crear la realidad que anhelamos podría ser la que sugiere esta imagen:

Una mujer descansando en un auto antiguo (Autor: Maridav)
La imagen es de Maridav

Pero, ¿cómo podría alguien alcanzar cualquier meta si adopta una actitud tan pasiva, tan despreocupada? ¿Quién resolvería cada problema, quién llevaría a cabo los cambios necesarios, quién se encargaría del trabajo duro?

Estas preguntas encierran una de las claves más importantes que podamos tratar de descubrir. La calidad de nuestras vidas depende de cómo respondamos estos interrogantes. Y básicamente hay sólo dos respuestas posibles… que conducen a futuros muy diferentes.

La respuesta más conocida es: “Si queremos que algo cambie, debemos actuar”. Y una manera inteligente de actuar sería establecer primero una estrategia adecuada y luego llevarla a la práctica. En esta línea de pensamiento, normalmente se acepta que cuanto más esfuerzo hagamos, más rápidamente alcanzaremos nuestros objetivos.

Esta manera de enfrentar la realidad es la que nos enseñaron. Y normalmente todos la aceptamos sin cuestionarla…

La otra respuesta, la menos conocida es:

Si queremos que algo cambie, debemos cambiar nuestras emociones. Así, si queremos que algo nuevo se manifieste en nuestras vidas, debemos cambiar nuestra actitud frente a esa nueva situación. Debemos sentirnos completamente merecedores de eso que anhelamos y debemos experimentar bienestar y gratitud, tal como si lo deseado ya se hubiera concretado.

En este segundo enfoque, el que propone la Ley de Atracción, el Universo hará los ajustes necesarios para materializar lo nuevo, sin que nada pueda limitarlo. La realidad puede sorprendernos en cualquier momento con hechos inesperados que encierran nuevas y milagrosas oportunidades. Luego, si nuestra mente está serena pero alerta, es decir si nos sentimos bien y con un elevado nivel de consciencia, podremos reconocer y aprovechar esas nuevas posibilidades.

Y cuando todo esto ocurre, cuando nuestra actitud emocional es la adecuada (porque nos sentimos merecedores, felices y agradecidos), también experimentaremos el entusiasmo necesario y descubriremos en nuestro interior la energía y los talentos requeridos para llevar adelante cualquier proyecto. Y entonces, recién entonces, tal vez sí tengamos que trabajar duro por algún tiempo.

Sí, es cierto: en algún momento tal vez sea necesario trabajar duro. Pero será de una manera diferente, con entusiasmo y alegría, como parte de un proceso en el que recibimos primero la inspiración, y luego la energía y todos los recursos necesarios para alcanzar nuestra meta.

Aquí un video que parece mostrarnos que con la Ley de Atracción podemos atraer tanto lo bueno como lo malo, todo depende de nuestra actitud:

Cortometraje “Jinxy Jenkins & Lucky Lou”, de Mike Bidinger y Michelle Kwon.
Cortometraje “Jinxy Jenkins & Lucky Lou”, de Mike Bidinger y Michelle Kwon.

La mejor actitud

Ahora quisiera compartir una idea muy básica acerca de la Ley de Atracción, que normalmente es pasada por alto y que suele ser la causa del fracaso cuando llega el momento de fijarnos metas reales y concretas para tratar de cambiar nuestra realidad.

Veamos…

Es común que junto a las primeras informaciones que recibimos acerca de la Ley de Atracción, nos lleguen también algunos ejercicios muy simples, como las afirmaciones positivas, la visualización creativa o el mapa del tesoro.

Afirmaciones positivas

Visualización creativa

El mapa del tesoro

La Ley de Atracción propone que las emociones que experimentamos con mayor frecuencia van “modelando” nuestra realidad. La Ley es bien simple y la primera conclusión útil que podemos extraer de su enunciado es que si queremos cambiar nuestra realidad lo que tenemos que cambiar son nuestras emociones. Nada dice la Ley de Atracción acerca de practicar ejercicios.

Sin embargo, casi lo único que hacemos luego de tomar contacto con la Ley de Atracción es ponernos a practicar ejercicios.

No hay nada malo en estos ejercicios, siempre y cuando los practiquemos de manera que nos conduzcan a experimentar un cambio profundo y duradero en nuestras emociones. Pero con frecuencia terminamos haciéndolos de manera mecánica, sin un verdadero compromiso por cambiar nuestra actitud. Al tiempo nos desanimamos porque no vemos los resultados esperados y finalmente también dejamos de practicar esos ejercicios.

Los ejercicios no son un fin en sí mismos. Si hacemos afirmaciones positivas, por ejemplo, la meta no es llenar todo un cuaderno con “frases bonitas”, cargadas de las mejores intenciones. El verdadero objetivo es experimentar realmente lo que esas afirmaciones proponen, es hacernos sentir completamente merecedores de cada situación o aspecto positivo que esas afirmaciones describen, es ayudarnos a desarrollar el hábito de sentirnos bien, de experimentar gratitud… es permitirnos cambiar nuestras emociones más frecuentes.

Porque…

Si no hay cambios reales y duraderos en nuestras emociones, no habrá cambios reales y duraderos en nuestra realidad.

La correcta práctica de cualquiera de estos ejercicios nos permite reemplazar antiguas creencias limitantes por otras nuevas y positivas. La meta no es repetir una y otra vez, de manera mecánica, una larga serie de ejercicios, sino aprender a sentirnos de otra manera, a enfrentarnos con otra actitud ante la vida y ante las demás personas. Es reconocer nuestra verdadera naturaleza. Es aprender a vernos como los seres maravillosos que realmente somos, merecedores de todo lo bueno que seamos capaces de imaginar, a quienes se les ha concedido el milagroso poder de crear su propia realidad.

Lo que está pasando en tu mente, es lo que estás atrayendo. (de la película 'El Secreto')

Un poco de humor

¡Este es otro de esos videos que no deberían estar en un sitio web como este! A mí me hace reír, aunque tengo que reconocer que se trata de una muestra del humor más básico y elemental. Aún así quería compartirlo porque me recuerda que, según la Ley de Atracción, atraemos tanto lo bueno como lo malo, de acuerdo a cómo sean nuestras emociones. Por ejemplo, el temor de que algo malo suceda puede conducir a atraer precisamente esas experiencias tan temidas. Y el protagonista de este video parece aprenderlo de una manera muy dolorosa… pero muy cómica!

Axel Piskulic

Si los subtítulos no se ven, pueden activarse haciendo clic en el ícono correspondiente, pero no son realmente importantes porque todos entendemos lo que pasa en este video.
Si los subtítulos no se ven, pueden activarse haciendo clic en el ícono correspondiente, pero no son realmente importantes porque todos entendemos lo que pasa en este video.
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Tener un sueño y esforzarse por alcanzarlo, descubrir el amor donde siempre nos estuvo esperando y… LUZ, MUCHA LUZ…

Cortometraje “Luminaris”, de Juan Pablo Zaramella.
Cortometraje “Luminaris”, de Juan Pablo Zaramella.
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Las siguientes tres imágenes pertenecen a una campaña cuyo mensaje es muy sencillo y muy cierto: “La escuela no puede enseñarle todo a los niños”.

Se trata de tres situaciones muy extremas, que difícilmente los niños tengan que enfrentar alguna vez. Es natural que la escuela no se ocupe de prepararlos para resolver este tipo de problemas tan raros.

La escuela no puede enseñarles todo a los niños (National Geographic Kids)
La escuela no puede enseñarles todo a los niños (National Geographic Kids)
La escuela no puede enseñarles todo a los niños (National Geographic Kids)
Las tres imágenes son de National Geographic Kids

La escuela no nos prepara para estas situaciones tan insólitas y eso, claro, es muy razonable.

Pero también es cierto que en la escuela sí recibimos una enorme cantidad de conocimientos que rara vez aplicamos luego en la vida real.

Por ejemplo, para muchas personas debe ser tan poco probable tener que enfrentarse alguna vez con un oso enfurecido… como tener que calcular un logaritmo.

No digo que recibir mucha información sea necesariamente malo. No me quejo de lo que la escuela estaría enseñando “de más”. Pero creo que hay otras cosas que son muy importantes y lamentablemente la educación formal no se ocupa de ellas en absoluto.

Tal vez debería reformularse el sentido general de la educación para que los niños además de saber lo que es una raíz cuadrada, puedan aprender también a resolver aquellos problemas que les van a provocar los peores dolores de cabeza a lo largo de sus vidas.

Las siguientes fotos corresponden al segundo año de mi escuela primaria. Tenía entonces 7 años:

Axel Piskulic en la escuela, en el año 1970
En mi escuela no había educación emocional (foto grupal, año 1970)

Me acuerdo muy bien de cada uno de mis compañeros, con algunos estoy en contacto ahora vía Facebook. Y también recuerdo con mucho cariño a esa maestra, se llamaba Haydeé.

Ese año empezó muy mal para mí. Estaba infinitamente triste, sobre todo en la escuela, y no conseguía salir de ese estado. Pasaban las semanas y no podía explicarme lo que me pasaba.

Un típico cuadro de depresión.

La maestra se dio cuenta de que algo raro me pasaba y se comunicó con mis padres. Ellos, lógicamente, me preguntaron cuál era el problema. Yo no lo sabía, sólo sentía una profunda tristeza. Pero inexplicablemente no les quería contar ningún detalle porque me sentía muy avergonzado.

Inventé que me dolía mucho la cabeza y terminé en el consultorio del médico de la familia. No me encontró nada y supuso que sólo estaba fingiendo. Por lo menos no me embarcó en una interminable serie de estudios médicos.

Finalmente, como pude, me repuse. Tuve otros períodos de depresión, pero mucho tiempo después, en la adolescencia.

Volviendo al tema de la escuela, en los planes de estudio no hay nada relacionado con aprender a manejar las propias emociones. Ni nos enseñan tampoco a resolver conflictos, a enfrentar el rechazo o la crítica, a elaborar una pérdida, etc.

¿Cómo mantener relaciones satisfactorias con los demás? ¿Cómo sostener una visión optimista a pesar de los problemas? ¿Cómo desarrollar un saludable nivel de autoestima? ¿Por qué no podría ocuparse la escuela de ayudar a los niños a aprender estas cuestiones tan importantes?

Un niño con una llave, a punto de abrir su corazón (Unlock, by Christian Schloe)
La ilustración es de Christian Schloe

Cómo enseñar estas habilidades a los niños

Una maestra inteligente y sensible conversará a veces acerca de estos asuntos con sus alumnos. A lo largo del año habrá muchas oportunidades para que toque estos temas. Pero tal vez no esté preparada para hacerlo bien, no es ésta su misión formal.

Se supone que esta responsabilidad es de los padres, que estos conocimientos deberían aprenderse dentro de la familia. Pero no parece que todos los padres puedan transmitir adecuadamente estas habilidades… precisamente porque en la mayoría de los casos ellos mismos no han terminado de aprenderlas.

Seguramente la educación ha cambiado mucho desde que me tomaron esas fotos. Pero no estoy seguro de que hoy la escuela acompañe la evolución emocional de los niños, con un mayor compromiso que en aquellos tiempos.

Tal vez ahora un alumno con problemas sea rápidamente detectado por el sistema, sobre todo si presenta problemas de conducta. Pero también es cierto que es probable que termine siendo medicado para corregir sus “síntomas”.

Sin embargo, es perfectamente posible enseñarles a los niños las actitudes emocionales más saludables:

“Ama tus rizos”, publicidad de Dove.
“Ama tus rizos”, publicidad de Dove.

En el caso de la autoestima, por ejemplo, es fundamental que los padres sientan y expresen amor incondicional hacia sus hijos. Pero también es muy importante el ejemplo, es decir que los niños puedan ver que sus padres se valoran, se aprecian y se aman a sí mismos, independientemente de sus logros o de su aspecto físico.

La manera más eficaz de enseñar estas habilidades emocionales tan importantes es a través del ejemplo, que los niños puedan verlas en acción. Y es nuestra responsabilidad, entonces, aprenderlas primero.

Axel Piskulic

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