Amarse a uno mismo

Querernos nos hace bien, nos hace felices. Y es el mejor regalo que podemos ofrecer a los demás...!!!

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La vida es sueño
Videoclip de la canción “Her Morning Elegance”, de Oren Lavie.
Libro 'La vida es sueño', de Pedro Calderón de la Barca

De “La vida es sueño”, una obra de teatro escrita por Pedro Calderón de la Barca y estrenada en el año 1635:

… el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando…
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza…
y en este mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende…
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ficción,
una sombra, una ilusión,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
 

Parece ser que la realidad de todos los días no es ese escenario rígido al que debemos tratar de ajustarnos, sino que es nuestra propia creación, tal como si la estuviéramos soñando. Y hasta que despertemos, podemos tratar de hacer que nuestro “sueño” sea cada vez más feliz, por ejemplo valiéndonos de la Ley de Atracción, aplicando la técnica Ho’oponopono, practicando los principios de “Un curso de milagros”… o simplemente aceptándonos y queriéndonos cada día un poco más.

Axel Piskulic

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Las siguientes tres imágenes pertenecen a una campaña cuyo mensaje es muy sencillo y muy cierto: “La escuela no puede enseñarle todo a los niños”.

Se trata de tres situaciones muy extremas, que difícilmente los niños tengan que enfrentar alguna vez. Es natural que la escuela no se ocupe de prepararlos para resolver este tipo de problemas tan raros.

La escuela no puede enseñarles todo a los niños (National Geographic Kids)
La escuela no puede enseñarles todo a los niños (National Geographic Kids)
La escuela no puede enseñarles todo a los niños (National Geographic Kids)
Las tres imágenes son de National Geographic Kids

La escuela no nos prepara para estas situaciones tan insólitas y eso, claro, es muy razonable.

Pero también es cierto que en la escuela sí recibimos una enorme cantidad de conocimientos que rara vez aplicamos luego en la vida real.

Por ejemplo, para muchas personas debe ser tan poco probable tener que enfrentarse alguna vez con un oso enfurecido… como tener que calcular un logaritmo.

No digo que recibir mucha información sea necesariamente malo. No me quejo de lo que la escuela estaría enseñando “de más”. Pero creo que hay otras cosas que son muy importantes y lamentablemente la educación formal no se ocupa de ellas en absoluto.

Tal vez debería reformularse el sentido general de la educación para que los niños además de saber lo que es una raíz cuadrada, puedan aprender también a resolver aquellos problemas que les van a provocar los peores dolores de cabeza a lo largo de sus vidas.

Las siguientes fotos corresponden al segundo año de mi escuela primaria. Tenía entonces 7 años:

Axel Piskulic en la escuela, en el año 1970
En mi escuela no había educación emocional (foto grupal, año 1970)

Me acuerdo muy bien de cada uno de mis compañeros, con algunos estoy en contacto ahora vía Facebook. Y también recuerdo con mucho cariño a esa maestra, se llamaba Haydeé.

Ese año empezó muy mal para mí. Estaba infinitamente triste, sobre todo en la escuela, y no conseguía salir de ese estado. Pasaban las semanas y no podía explicarme lo que me pasaba.

Un típico cuadro de depresión.

La maestra se dio cuenta de que algo raro me pasaba y se comunicó con mis padres. Ellos, lógicamente, me preguntaron cuál era el problema. Yo no lo sabía, sólo sentía una profunda tristeza. Pero inexplicablemente no les quería contar ningún detalle porque me sentía muy avergonzado.

Inventé que me dolía mucho la cabeza y terminé en el consultorio del médico de la familia. No me encontró nada y supuso que sólo estaba fingiendo. Por lo menos no me embarcó en una interminable serie de estudios médicos.

Finalmente, como pude, me repuse. Tuve otros períodos de depresión, pero mucho tiempo después, en la adolescencia.

Volviendo al tema de la escuela, en los planes de estudio no hay nada relacionado con aprender a manejar las propias emociones. Ni nos enseñan tampoco a resolver conflictos, a enfrentar el rechazo o la crítica, a elaborar una pérdida, etc.

¿Cómo mantener relaciones satisfactorias con los demás? ¿Cómo sostener una visión optimista a pesar de los problemas? ¿Cómo desarrollar un saludable nivel de autoestima? ¿Por qué no podría ocuparse la escuela de ayudar a los niños a aprender estas cuestiones tan importantes?

Un niño con una llave, a punto de abrir su corazón (Unlock, by Christian Schloe)
La ilustración es de Christian Schloe

Cómo enseñar estas habilidades a los niños

Una maestra inteligente y sensible conversará a veces acerca de estos asuntos con sus alumnos. A lo largo del año habrá muchas oportunidades para que toque estos temas. Pero tal vez no esté preparada para hacerlo bien, no es ésta su misión formal.

Se supone que esta responsabilidad es de los padres, que estos conocimientos deberían aprenderse dentro de la familia. Pero no parece que todos los padres puedan transmitir adecuadamente estas habilidades… precisamente porque en la mayoría de los casos ellos mismos no han terminado de aprenderlas.

Seguramente la educación ha cambiado mucho desde que me tomaron esas fotos. Pero no estoy seguro de que hoy la escuela acompañe la evolución emocional de los niños, con un mayor compromiso que en aquellos tiempos.

Tal vez ahora un alumno con problemas sea rápidamente detectado por el sistema, sobre todo si presenta problemas de conducta. Pero también es cierto que es probable que termine siendo medicado para corregir sus “síntomas”.

Sin embargo, es perfectamente posible enseñarles a los niños las actitudes emocionales más saludables:

“Ama tus rizos”, publicidad de Dove.

En el caso de la autoestima, por ejemplo, es fundamental que los padres sientan y expresen amor incondicional hacia sus hijos. Pero también es muy importante el ejemplo, es decir que los niños puedan ver que sus padres se valoran, se aprecian y se aman a sí mismos, independientemente de sus logros o de su aspecto físico.

La manera más eficaz de enseñar estas habilidades emocionales tan importantes es a través del ejemplo, que los niños puedan verlas en acción. Y es nuestra responsabilidad, entonces, aprenderlas primero.

Axel Piskulic

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Hilda es la creación de un talentoso artista, el pintor estadounidense Duane Bryers, y sus imágenes ilustraban calendarios en la década del ’50. Allí aparecía a veces sensual y provocativa, pero luego de tantos años las mismas imágenes resultan bastante ingenuas e inocentes. Pero todavía conservan su encanto…

Hilda en la playa (autor: Duane Bryers)

Hilda es un personaje de ficción, claro. Pero igual nos va a ayudar a reflexionar acerca de la autoestima y de cómo podemos vivir con plenitud.

Es que las cualidades que quedan a la vista en estas viejas ilustraciones sí son reales y en muchos casos coinciden con las de las personas que han desarrollado un saludable nivel de autoestima y que saben disfrutar de cada momento.

Y todos podemos identificar esas actitudes y tratar de cultivarlas.

Por ejemplo, aquí podemos ver a Hilda, serena y despreocupada:

Hilda serena y despreocupada (autor: Duane Bryers)

Hilda es una persona sencilla, espontánea y feliz.

Se la ve siempre muy a gusto con su cuerpo, casi siempre en bikini, a pesar de tener algunos kilos de más, incluso para el ideal de aquella época.

Hilda está muy lejos de estar obsesionada con su figura:

Hilda tomando un helado (autor: Duane Bryers)

Hilda sabe reírse y disfrutar de las cosas sencillas. Todavía conserva la capacidad jugar y de divertirse:

Hilda columpiándose (autor: Duane Bryers)

Hilda siempre aparece sola, a lo sumo en compañía de su perro. Probablemente no tenga pareja… pero por lo visto no la necesita para sentirse bien:

Hilda haciendo pompas de jabón (autor: Duane Bryers)

Hilda está abierta a nuevas experiencias, aquí la vemos practicando Yoga:

Hilda practicando Yoga (autor: Duane Bryers)

Hilda sabe disfrutar de las cosas sencillas:

Hilda - Baño de pies (autor: Duane Bryers)

Parece que Hilda consigue alcanzar sus metas y sabe celebrarlo:

Hilda en la cima de una montaña (autor: Duane Bryers)

Pero Hilda también es una persona simple y limitada, a veces hasta un poco torpe… Aunque parece no importarle demasiado:

Hilda en un bote que hace agua (autor: Duane Bryers)

Hilda es activa, divertida, hace todo tipo de cosas, se arriesga…

Hilda en el mar (autor: Duane Bryers)
Hilda saltando una cerca (autor: Duane Bryers)
Hilda andando en bicicleta (autor: Duane Bryers)

Pero también es capaz de hacer una pausa y ponerse contemplativa, para disfrutar del paisaje o del momento presente:

Hilda mirando el atardecer (autor: Duane Bryers)

La autoestima y el momento presente: las claves para sentirse bien

El ego nunca está conforme con nuestros logros, con nuestro aspecto o con el momento presente tal como es. Y nos fija metas un poco más exigentes a medida que vamos progresando. Nunca colmaremos sus exigencias, nunca estaremos a salvo de sus críticas. Es necesario comprender que el camino que nos exige recorrer no nos conduce al bienestar que anhelamos, sino que se convierte en una búsqueda que nunca termina.

En cambio la felicidad es otra cosa.

Es disfrutar plenamente de cómo somos hoy y de lo que ya disponemos ahora. Y esto solo depende de tener un elevado nivel de autoestima y de nuestra capacidad de experimentar con atención cada momento.

La experiencia de tomar un té, por ejemplo, es similar para un rico que para un pobre. Se trata simplemente de hacer una pausa, relajarse, y disfrutar del té. Es más o menos la misma experiencia para mí que para una estrella de rock.

Lo mismo puede decirse de dormir la siesta, tomar una ducha, mirar una película, o tomar un helado.

Recrea tu vida: la verdadera creatividad está en ti.

El dinero en una cuenta bancaria no puede disfrutarse, no hay manera de experimentarlo aquí y ahora. Pero sí se lo puede convertir en una experiencia, por ejemplo al hacer un viaje.

A diferencia de lo que pasa en nuestra vida cotidiana, durante un viaje vivimos plenamente muchos momentos. Sucede así: al ingresar a una Catedral, recorrer las ruinas de Machu Picchu o subir a la torre Eiffel, la experiencia es tan novedosa que capta toda nuestra atención. Vivimos plenamente esos momentos y nos parecen maravillosos.

Pero para el que trabaja en la torre Eiffel (asistiendo a los turistas, por ejemplo) todo es rutina, ya no hay momentos mágicos allí. El milagro, entonces, no lo provoca el lugar, sino el grado de atención con el que vivimos la experiencia.

En lugar de viajar sería mucho mejor aprender a vivir cada día con la misma curiosidad y concentración con la que visitaríamos las pirámides de Egipto.

El problema es que muchas veces actuamos de manera mecánica, distraídos, en “piloto automático”, y no disfrutamos de nosotros ni prestamos atención al placer que cada momento encierra.

Pero todos podemos cambiar de actitud. Es algo así como un arte al alcance de cualquier persona que se decida a practicarlo.

Axel Piskulic

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