Amarse a uno mismo

Querernos nos cura y nos hace felices. Y es el mejor regalo que podemos ofrecer a los demás...!!!

separador
8 de mayo de 2012

Esta imagen del gato que se mira en el espejo y se ve a sí mismo como un león aparece en diferentes sitios web que promueven actividades relacionadas con la autoestima.

Imagen de un gato viéndose al espejo como si fuera un león

Pero siempre que la veo pienso que cualquier relación de amor, incluida la que tenemos con nosotros mismos, se debilita si está basada en fantasías. Cuando lo que nos gusta de alguien es algo irreal o ilusorio, tarde o temprano tendremos un desengaño.

El gato de la imagen bien podría mirarse en el espejo y verse tal como realmente es y aún así sentirse hermoso, perfecto y feliz.

Pero es cierto que las personas con un bajo nivel de autoestima deben revisar la imagen que tienen de sí mismas, porque normalmente esa autoimagen está distorsionada y suele mostrar rasgos que en general son perfectamente normales, pero que aparecen exagerados como si se tratara de defectos inaceptables.

La idea es que podamos vernos tal como somos… y aún así aceptarnos y querernos incondicionalmente.

La siguiente es una escena de la película “Angel-a”, del director francés Luc Besson. El protagonista se encuentra con su propio “ángel de la guarda”, un ángel muy especial…

Todos podemos hacer una lista de las cosas que nos gustaría tener y no tenemos… y tal vez nunca podamos alcanzar. Pueden ser rasgos o cualidades personales o pueden tener que ver con nuestra realidad “exterior”, relacionadas con nuestro trabajo, nuestros ingresos, nuestras relaciones, etc.

Pero hay diferentes maneras de desear. Tenemos muchos deseos que pueden cumplirse o no sin que esto nos afecte profundamente. Pero cuando sentimos que nuestra felicidad depende de alcanzar determinadas metas, cuando sentimos que nuestra felicidad exige que se cumplan primero determinadas condiciones, entonces estamos en problemas.

Es que la verdadera felicidad es un estado interno que no tiene que ver con posesiones ni relaciones ni rasgos personales. Es un estado de plenitud que tiene lugar en nuestro interior y que en muy gran medida es independiente de nuestras circunstancias y de nuestras cualidades.

Algunas pistas interesantes que confirman esta proposición:

Casi sin excepciones cada momento encierra elementos maravillosos de los que podemos disfrutar… aunque sólo sea durante los breves instantes en que seamos capaces de sostener nuestra atención y apreciar lo bueno a nuestro alrededor.

En la medida que aprendamos a regalarnos el placer de disfrutar de quiénes somos y de las cosas que sí tenemos, seguramente que aprenderemos a valorarnos y a querernos tal como somos, en la comprensión de que no importa que no podamos cambiar muchas cosas de nosotros mismos o de nuestra realidad, porque aún así somos perfectamente capaces de ser felices, es decir, de vivir con alegría, plenitud y paz.

Axel Piskulic

Cómo aumentar la autoestima

El ejercicio del espejo

Un ejercicio muy sencillo para aumentar la autoestima, propuesto por Louise L. Hay en su libro “Usted puede sanar su vida”, consiste en mirarse en un espejo y decir en voz alta afirmaciones positivas respecto de nosotros. Podemos aprovechar cualquier oportunidad en que pasemos frente a un espejo o podemos destinar especialmente unos pocos minutos cada día a practicar este ejercicio. Incluso es suficiente un pequeño espejo de mano ya que lo más importante es encontrarnos con la propia mirada mientras repetimos nuestras afirmaciones.

Foto de Louise L. Hay

El trabajo con el espejo es muy poderoso. La mayor parte de los mensajes negativos que recibimos de niños venían de personas que nos miraban directamente a los ojos, y que quizá nos amenazaban con un dedo. Hoy, cada vez que nos miramos al espejo, casi todos nos decimos algo negativo: nos criticamos por nuestra apariencia o nos regañamos por algo. Mirarse directamente a los ojos y expresar algo positivo sobre uno mismo es, en mi opinión, la manera más rápida de obtener resultados con las afirmaciones.

Louise L. Hay

Podemos usar las afirmaciones para reconocernos cada una de las cualidades positivas que ya tenemos y también para favorecer el desarrollo de aquellas que queremos hacer crecer en nosotros.

Al repetir las afirmaciones probablemente al principio experimentemos algún grado de incomodidad y escepticismo. Y es precisamente sobre esas resistencias que actúan las afirmaciones, para conseguir finalmente reemplazar las antiguas creencias limitantes por otras positivas y saludables.

Axel

Todos tenemos cualidades ocultas (como los cuatro personajes de la siguiente animación!). Y todos podemos sentirnos legítimamente orgullosos de nosotros mismos. Es nuestra misión alentarnos a descubrir y cultivar esas cualidades para luego poder disfrutarlas y compartirlas con los demás…

Subir el volumen de los parlantes y hacer clic sobre cada caballo


17 de abril de 2012

Cada vez que nos enojamos con alguien, cada vez que nos sentimos víctimas de una ofensa o agresión, “sabemos” que fuimos tratados de una manera injusta o desconsiderada, que no hemos recibido el trato que nos merecemos. Ese maltrato nos provoca una “razonable” sensación de enojo o disgusto, y en ese punto frecuentemente reclamamos (o al menos nos sentimos con derecho a recibir) algún tipo de reparación de parte del agresor, o aunque más no sea una disculpa, es decir, el reconocimiento de que efectivamente fuimos maltratados.

Ilustración de un hombre y una mujer distanciados, en mundos diferentes (Título: Together, Autor: Pete Revonkorpi)
Las ilustraciones son de Pete Revonkorpi

Muchas veces comentamos estos incidentes con nuestros amigos. Se los contamos, lógicamente, tal como los hemos percibido, es decir, mostrándoles con claridad lo injustos que han sido con nosotros. Ellos, naturalmente, suelen darnos la razón porque todos compartimos la misma manera de interpretar estas situaciones.

Hoy quisiera proponerte una interpretación diferente acerca de qué es realmente una ofensa, cuál es el verdadero significado del enojo que nos provoca y, finalmente, qué es el perdón y cómo se puede alcanzar.

Ante todo, te invito a recordar situaciones que te han causado dolor y en las que te resulta difícil perdonar, pero que objetivamente no hayan sido muy graves, que no hayan provocado “daños irreparables”. Te pido esto sólo para facilitar la exposición y la aceptación de estas ideas; luego, revisando situaciones “más serias”, podrás comprobar si realmente son de validez universal.

Veamos: algunas veces nos resulta muy sencillo perdonar, incluso en circunstancias en las que sabemos que otras personas no pueden hacerlo. Y otras veces somos nosotros los que no perdonamos ni aún intentándolo sinceramente. Esto nos permite concluir que para que haya verdadero enojo no basta con que la situación que lo provoca tenga determinadas características; es necesario además que el que la percibe tenga “algo”, “algo” que lo hace reaccionar con enojo. Más aún, quienes no tienen ese “algo”, pueden presenciar o verse envueltos en situaciones que nos enojan, pero sin sentirse afectados en absoluto.

Bien. Pero entonces…

¿Qué es ese misterioso “algo” que previamente debemos tener en nosotros para que una determinada situación o persona nos resulte tan irritante como para hacernos enojar?

Tal vez ya conozcas la respuesta a esta pregunta. Probablemente ya la hayas escuchado alguna vez. Pero no es frecuente que la gente la acepte y que saque provecho de ese conocimiento en su vida cotidiana. Entre otras cosas porque contradice el “sentido común”, y también porque niega la legitimidad de algunas de nuestras emociones más arraigadas, de las que habitualmente no desconfiamos.

Ilustración de un hombre y una mujer separándose (Título: Once Upon an Autumn Night, Autor: Pete Revonkorpi)

Lo que nos enoja de cierta actitud de alguien o lo que nos molesta de una determinada situación que nos toca enfrentar, es que nos muestran, tal como si fueran un espejo, un rasgo o un conflicto que en realidad es nuestro, que forma parte de nuestro mundo interior.

La situación o la persona que nos enojan, recrean frente a nosotros una característica propia, de nuestra personalidad. Pero no una característica cualquiera, sino una con la que no estamos conformes, que nos resulta especialmente desagradable y a la que combatimos en nosotros mismos. Este proceso por el cual vemos “afuera” rasgos o conflictos que llevamos “adentro” se conoce como proyección, pero no es precisamente algo nuevo.

La novedad es que podemos sacar provecho de estas situaciones o personas que tanto nos afectan, porque nos permiten descubrir aquellas características nuestras que nos disgustan profundamente o aquellas actitudes injustas o desconsideradas que tenemos hacia nosotros mismos y que tanto dolor nos provocan.

Siempre, sin excepciones, lo que nos disgusta ver “afuera” tiene su equivalente en nuestro mundo interno, donde no podemos verlo fácilmente. Y si odiamos eso que vemos afuera, también odiamos a esa parte nuestra a la que tanto se parece.

Y para reconciliarnos con nosotros mismos, para aceptarnos, para querernos, para aumentar nuestro nivel de autoestima, es necesario que conozcamos estas características que consideramos negativas, que entendamos que corresponden a un cierto estado de evolución o de aprendizaje en el que nos encontramos en este momento, que las aceptemos con tolerancia y comprensión, y que nos amemos profundamente aún teniéndolas, de la misma manera en que nos resulta muy fácil amar a un niño aunque, lógicamente, también él tenga que completar su evolución y aunque todavía le queden muchas cosas por aprender.

Comprendido este proceso, identificado el verdadero origen de nuestro enojo, ya no resulta posible sostenerlo por mucho tiempo. Tenemos por delante, entonces, un nuevo desafío, mucho más estimulante que el de combatir (sin posibilidad de éxito) contra la realidad, y mucho más agradable que el de tratar de obligar a los demás a que se ajusten a nuestras exigencias. Es el desafío de amarnos, de amarnos incondicionalmente.

Y perdonar, entonces, es muy fácil. Es la lógica consecuencia de comprender que nunca existió la ofensa que habíamos percibido. Que el dolor experimentado era real, sí, pero que la herida nos la habíamos infringido nosotros mismos, mucho tiempo atrás.

Axel Piskulic

Cómo perdonar

Un escenario muy frecuente: Las personas que una y otra vez quedan atrapadas en situaciones en las que son tratadas de manera desconsiderada (o humilladas, traicionadas, ignoradas, etc.) es muy probable que así se traten a sí mismas cada día. Las situaciones externas recrean esos dolorosos conflictos internos que normalmente no podemos descubrir en nosotros.

Muchas veces conseguimos perdonar cuando la ofensa queda ya muy atrás en el pasado o nos alejamos definitivamente de la persona que sentimos que nos ofendió. Pero este no es el verdadero perdón sino que tiene más que ver con olvidar, y el hecho de que todo el proceso normalmente lleve mucho tiempo parece confirmarlo.

El verdadero perdón es algo completamente diferente y sólo es posible si somos capaces de “despertar”, de liberarnos de viejas creencias equivocadas, de pasar a un nivel superior de consciencia.

Ilustración de una mujer a punto de iniciar una nueva etapa (Título: Going to Sleep, Autor: Pete Revonkorpi)

Por ejemplo: Si alguien tiene una deuda con nosotros y decide no devolvernos lo que nos debe, tal vez eso nos haga enojar. Pero si aprendiéramos a atraer a nuestras vidas un nuevo nivel de abundancia en lo material (como muchas personas han logrado), si realmente ya no tuviéramos ninguna preocupación por lo económico, es probable que la misma pequeña deuda ya no nos importe demasiado.

Del mismo modo:

Si conseguimos pasar a un nivel superior de fortaleza emocional, si podemos desarrollar un mayor nivel de autoestima, entonces lo que hoy tanto nos molesta de la conducta de los demás simplemente dejará de preocuparnos. E incluso lo más probable es que los demás perciban nuestra nueva posición y comiencen a tratarnos con más respeto y consideración.

Una buena idea cuando tenemos conflictos y dificultades para perdonar es volver nuestra atención hacia nuestro mundo interno y comprometernos firmemente a aceptarnos, a querernos y a cuidarnos, es decir, a desarrollar un mayor nivel de autoestima… Porque si nos sentimos a gusto tal como somos, si tenemos una relación saludable con nosotros mismos, si somos capaces de vernos amorosamente en cualquier circunstancia, es decir, si nos queremos sin condiciones, entonces, ejerciendo nuestra milagrosa facultad de crear la propia realidad, haremos que nuestra vida refleje la paz, la armonía y el bienestar que desarrollamos primero en nuestro mundo interior.

Axel

Las ilustraciones son de Pete Revonkorpi

3 de abril de 2012

Todos conocemos la fábula de La cigarra y la hormiga: La cigarra se pasó todo el verano cantando mientras la hormiga, muy previsora, trabajó duro para reunir las provisiones necesarias para pasar el invierno.

Al llegar el frío y la escasez, la cigarra fue a pedir ayuda a la hormiga. En la versión original de esta historia, atribuida a Esopo, la hormiga es generosa y comparte sus provisiones, pero en versiones posteriores y tal vez más difundidas, como la de la Fontaine y la de Samaniego, la cigarra sólo recibe reproches y sermones y tiene que enfrentarse sola al frío y a la nieve del invierno europeo. Pagará con su vida el haber dedicado todo el verano a cantar sin preocuparse por el futuro.

Ilustración de la fábula 'La cigarra y la hormiga' (Autor: Calvet-Rogniat)
Ilustración de Calvet-Rogniat

Claro que es necesario presentarles a los niños los valores positivos que es bueno que aprendan para luego aplicarlos en sus vidas, para su propio bien y para el de los demás. Pero creo que hay un concepto equivocado en esta historia acerca del cual vale la pena reflexionar para poder desarrollar al máximo nuestra autoestima.

La lección que transmite esta fábula es bien clara: Es aconsejable trabajar sin descanso como la hormiga, aunque lo encontremos aburrido y agotador, y es peligroso consagrarnos enteramente a lo que anhelamos hacer, aunque nos sintamos llamados a hacerlo por una auténtica vocación.

Tal vez esta fábula ya no sea tan popular, pero el mensaje que encierra es generalmente aceptado y ya forma parte del complejo conjunto de creencias que se transmite de generación en generación y que el Dr. Miguel Ruiz llama con acierto “el sueño del planeta”.

Pum Pum

Foto de Pum Pum (Autora: Rosario Sanz)
Foto de Pum Pum en acción, tomada por Rosario Sanz

Pum Pum es el seudónimo de una joven y talentosa artista cuyas obras pueden verse en la forma de murales en la ciudad de Buenos Aires. Sus trabajos, muchas veces realizados por la noche en alguna pared abandonada de la ciudad, son hermosos e inconfundibles… y finalmente le posibilitaron el reconocimiento que merecía.

Se trata de una persona que decidió dedicarse con pasión a hacer lo que más le gustaba. Según sus propias palabras:

“Empecé haciendo lo mismo que hago hoy, dibujando, dibujando. Por gusto propio. Y empecé a mostrar lo que hacía por diversión. Creo que hacer algo que a uno le gusta mucho hacer, más allá de lo que puede generar o no, hace que lo que hagas sea auténtico, con cariño, transparente. Y ahí siempre hay algo. En cualquier área de la vida.”

Ilustración de Pum Pum
Pum Pum en la WebPum Pum en Flickr

Decidirnos a confiar en nuestra vocación y permitirnos desarrollar nuestros talentos y recursos incrementa saludablemente nuestro nivel de autoestima. Recorrer con placer nuestro propio camino personal es muy bueno para nosotros y también para los demás… la Ley del Dharma describe este proceso con toda claridad:

La Ley del “Dharma”, o el propósito en la vida

Todo el mundo tiene un propósito en la vida… un don único o talento especial para ofrecer a los demás. Y cuando combinamos ese talento único con el servicio a los demás, experimentamos el éxtasis y el júbilo de nuestro propio espíritu, que es la meta última de todas las metas.

“Dharma” es un vocablo sánscrito que significa “propósito en la vida”, y la Ley del Dharma dice que nos hemos manifestado en forma física para cumplir este propósito.

Deepak Chopra

La leyes universales no se aplican sólo a ciertas personas elegidas. Y la Ley del Dharma no es válida sólo para personas especialmente talentosas, sino que nos recuerda que para cada uno de nosotros hay una misión y un destino. Esto no significa que debamos abandonar ahora mismo todos nuestros compromisos de una manera irresponsable, pero sí que podemos volver a encaminarnos en la dirección correcta, prestando cada vez más atención a nuestra voz interior, a nuestras emociones y a las sutiles señales que siempre estuvieron indicándonos el camino del bienestar interior, de la autoestima, de la confianza en nosotros mismos y de la autorrealización.

Axel Piskulic

Cómo aumentar la autoestima

Reencontrarnos con nuestros talentos

La vida es muy dinámica y esas circunstancias que tal vez nos limitaron durante largos períodos, en cualquier momento pueden cambiar. No tiene sentido continuar actuando hoy de acuerdo a condiciones y temores que corresponden a etapas ya superadas. Nuestra familia cambia, nuestra economía cambia, nuestras relaciones cambian… y en todo ese proceso de evolución siempre se presentan oportunidades para dedicarnos a lo que más nos gusta hacer, para reencontrarnos con nuestra vocación.

Ir tomando con confianza las decisiones que estén a nuestro alcance para llevar a cabo estos cambios positivos, contribuye a aumentar nuestra autoestima y es muy bueno también para las personas con las que nos relacionamos.

Concentrar nuestra atención en las actividades que más nos gusta hacer multiplicará las oportunidades de comenzar a cambiar y atraerá a nosotros situaciones nuevas y apropiadas para desplegar olvidados talentos o para desarrollar nuevas habilidades.

Axel

Por último un video que vale la pena ver (o volver a ver!).

Cortometraje Right Place, del director japonés Kosai Sekine (subtítulos en español).

El botón “CC” desactiva los subtítulos    

line
footer
Sitio web implementado por Axel Piskulic