Amarse a uno mismo

Querernos nos cura y nos hace felices. Y es el mejor regalo que podemos ofrecer a los demás...!!!

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27 de febrero

Querernos a nosotros mismos es, también, permitirnos explorar y descubrir las actividades que más nos gustan. Y cuando trabajamos haciendo aquello que amamos hacer, también beneficiamos a los demás, porque reciben de nosotros lo mejor que podemos ofrecer.

Steve Jobs, “CEO” de las compañías Apple y Pixar, habla aquí acerca de la vocación, del trabajo, del amor… en un mensaje que se parece más al de un líder espiritual que al de alguien que pertenece al mundo de la tecnología y los negocios.

Axel

Video del discurso de Steve Jobs en la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford del año 2005 (subtítulos en español).

27 de febrero

Normalmente no encontramos solución para todos los problemas, ni respuesta para todas las preguntas, ni remedio para todos los males. Sin embargo, casi sin excepciones, es posible sentirse bien a pesar de lo que pase a nuestro alrededor.

Nuestros pensamientos determinan nuestros estados de ánimo: los pensamientos positivos nos hacen sentir bien y los negativos nos hacen sentir mal. Luego, atraemos a nuestras vidas (de una manera “milagrosa”) el tipo de situaciones que nos permiten mantener nuestros estados de ánimo más frecuentes. Es como si el Universo nos dijera: “Muy bien, decidiste sentirte contento (o triste) otra vez… entonces vamos a regalarte más de esas experiencias que te ponen tan contento (o tan triste)”. Sentirse bien, además de ser muy agradable, determina la calidad de nuestras experiencias, de toda nuestra vida. Por eso es tan importante.

Sé que parece que si pasan cosas desagradables, nuestros pensamientos necesariamente serán negativos… pero en realidad siempre estamos eligiendo, aunque sea de una manera inconsciente. Muchas cosas maravillosas suceden todo el tiempo. Son pequeños milagros, que normalmente pasamos por alto por considerarlos ordinarios, con los que podemos despertar en nosotros una permanente emoción de gratitud.

Ilustración de una chica barriendo la arena en un arenero (Título: Everything in its Right Place, Autor: Jim Harker)

Los niños suelen jugar en la arena en todas partes del mundo. Lo encuentran divertido. Pero a la chica de la ilustración parece molestarle la arena. La vida es algo parecido a un “arenero”. Pero en vez de arena está llena de situaciones complejas, que a veces percibimos como problemas, conflictos o pérdidas. Normalmente vamos por la vida tratando de evitar estas situaciones, porque nos causan dolor. Nos comportamos como la chica de la ilustración.

Pero estamos aquí para aprender. Por un lado, los problemas son valiosas oportunidades de crecimiento, los conflictos pueden enseñarnos a madurar y las pérdidas nos muestran nuestros apegos. Pero todavía podemos llegar más lejos: podemos aprender a sentirnos plenamente bien en medio de todas esas situaciones, aunque no estén resueltas.

Otra vez: Normalmente no encontramos solución para todos los problemas, ni respuesta para todas las preguntas, ni remedio para todos los males. Sin embargo, casi sin excepciones, realmente es posible sentirse bien a pesar de lo que pase a nuestro alrededor.

Creo que un excelente punto de partida es aceptar las cosas como son, la vida como es, y no condicionar nuestra felicidad a las situaciones externas, sino cultivarla dentro de nosotros. Y cuando miremos “ahí afuera”, seamos selectivos pero de una manera diferente: en vez de subrayar lo negativo, lo que nos falta, concentrémonos en lo bueno, en lo positivo, en lo que el momento presente tiene de maravilloso…

Axel Piskulic

La ilustración es de Jim Harker.

25 de febrero

Hoy quiero compartir un fragmento del libro “Las siete leyes espirituales del éxito”, de Deepak Chopra, cuyo título es “La Ley del Dharma, o el propósito en la vida”.

Al igual que Steve Jobs, en el video del artículo anterior, Chopra también describe la relación entre la vocación, el trabajo y el amor. Y aunque las ideas que expone nos llegan desde la tradición de la India milenaria, en realidad se trata del mismo mensaje.

Antes de pasar al texto de Chopra te propongo que veas este video, del director japonés Kosai Sekine, cuyo singular protagonista descubre finalmente cuál era su propósito en la vida. Aunque no le resultó nada fácil…

Axel

Cortometraje Right Place, del director japonés Kosai Sekine (subtítulos en español).

La Ley del “Dharma”, o el propósito en la vida

Todo el mundo tiene un propósito en la vida… un don único o talento especial para ofrecer a los demás. Y cuando combinamos ese talento único con el servicio a los demás, experimentamos el éxtasis y el júbilo de nuestro propio espíritu, que es la meta última de todas las metas.

Cuando trabajas, eres como una flauta a través de cuyo corazón el susurro de las horas se convierte en música… ¿Y qué es trabajar con amor? Es tejer una tela con hilos sacados de tu corazón, como si tu amado fuese a vestirse con esa tela…

Khalil Gibran, en “El profeta”

La séptima ley espiritual del éxito es la Ley del Dharma. “Dharma” es un vocablo sánscrito que significa “propósito en la vida”. Esta ley dice que nos hemos manifestado en forma física para cumplir un propósito. El campo de la potencialidad pura es la divinidad en su esencia, y la divinidad adopta la forma humana para cumplir un propósito.

Imagen de una flor de loto

De acuerdo con esta ley, cada uno de nosotros tiene un talento único y una manera única de expresarlo. Hay una cosa que cada individuo puede hacer mejor que cualquier otro en todo el mundo – y por cada talento único y por cada expresión única de dicho talento, también existen unas necesidades únicas. Cuando estas necesidades se unen con la expresión creativa de nuestro talento, se produce la chispa que crea la abundancia. El expresar nuestros talentos para satisfacer necesidades, crea riqueza y abundancia sin límites.

Si pudiéramos enseñarles a los niños desde el principio esta manera de pensar, veríamos el efecto que esto tendría en su vida. En realidad, yo lo hice con mis hijos. Les dije una y otra vez que había una razón para que ellos estuvieran aquí, y que ellos debían descubrir esa razón por sí mismos. Eso fue algo que oyeron desde los cuatro años. También les enseñé a meditar cuando tenían aproximadamente esa edad, y les dije: “No quiero que se preocupen, nunca, por ganarse la vida. Si cuando sean mayores no pueden ganarse la vida, yo les daré lo necesario, de manera que no se preocupen por eso. No quiero que se concentren en ser los mejores de la escuela, en obtener las mejores notas o en ir a la mejor universidad. En lo que realmente quiero que se concentren es en preguntarse a sí mismos cómo pueden servir a la humanidad y cuáles son sus talentos únicos. Porque cada uno de ustedes tiene un talento único que nadie más tiene, y una manera especial de expresarlo, que tampoco tiene nadie más”. Mis hijos acabaron estudiando en las mejores escuelas, obteniendo las mejores notas e incluso en la universidad son los únicos que son económicamente autosuficientes, porque ellos tienen su atención puesta en el propósito por el cual están aquí. Ésta, entonces, es la Ley del Dharma.

La Ley del Dharma tiene tres componentes. El primero dice que cada uno de nosotros está aquí para descubrir su verdadero yo, para descubrir por su cuenta que el verdadero yo es espiritual y que somos en esencia seres espirituales que han adoptado una forma física para manifestarse. No somos seres humanos que tienen experiencias espirituales ocasionales, sino todo lo contrario: somos seres espirituales que tienen experiencias humanas ocasionales.

Cada uno de nosotros está aquí para descubrir su yo superior o su yo espiritual. Esa es la primera forma de cumplir la Ley del Dharma. Debemos descubrir por nuestra cuenta que dentro de nosotros hay un dios en embrión que desea nacer para que podamos expresar nuestra divinidad.

El segundo componente de la Ley del Dharma es la expresión de nuestro talento único. La Ley del Dharma dice que todo ser humano tiene un talento único. Cada uno de nosotros tiene un talento tan único en su expresión que no existe otro ser sobre el planeta que tenga ese talento o que lo exprese de esa manera. Eso quiere decir que hay una cosa que podemos hacer, y una manera de hacerlo, que es mejor que la de cualquier otra persona, en este planeta. Cuando estamos desarrollando esa actividad, perdemos la noción del tiempo. La expresión de ese talento único (o más de uno, en muchos casos) nos introduce en un estado de conciencia atemporal.

Imagen de una flor de loto

El tercer componente de la Ley del Dharma es el servicio a la humanidad, servir a los demás seres humanos y preguntarse: “¿Cómo puedo ayudar? ¿Cómo puedo ayudar a todas las personas con quienes tengo contacto?” Cuando combinamos la capacidad de expresar nuestro talento único con el servicio a la humanidad, usamos plenamente la Ley del Dharma. Y cuando unimos esto al conocimiento de nuestra propia espiritualidad, el campo de la potencialidad pura, es imposible que no tengamos acceso a la abundancia ilimitada, porque ésa es la verdadera manera de lograr la abundancia.

Y no se trata de una abundancia transitoria; ésta es permanente en virtud de nuestro talento único, de nuestra manera de expresarlo y de nuestro servicio y dedicación a los demás seres humanos, que descubrimos preguntando: “¿Cómo puedo ayudar?”, en lugar de: “¿Qué gano yo con eso?”

La pregunta “¿Qué gano yo con eso?” es el diálogo interno del ego. La pregunta “¿Cómo puedo ayudar?” es el diálogo interno del espíritu. El espíritu es ese campo de la conciencia en donde experimentamos nuestra universalidad. Con sólo cambiar el diálogo interno y no preguntar “¿Qué gano yo con eso?” sino “¿Cómo puedo ayudar?”, automáticamente vamos más allá del ego para entrar en el campo del espíritu. Y aunque la meditación es la manera más fácil de entrar en el campo del espíritu, el simple hecho de cambiar nuestro diálogo interno de esta manera también nos brinda acceso al espíritu, ese campo de la conciencia donde experimentamos nuestra universalidad.

Si deseamos utilizar al máximo la Ley del Dharma, es necesario que nos comprometamos a hacer varias cosas:

Primer compromiso: Por medio de la práctica espiritual buscaremos nuestro yo superior, el cual está más allá de nuestro ego.

Segundo compromiso: Descubriremos nuestros talentos únicos, y después de descubrirlos disfrutaremos de la vida, porque el proceso del gozo tiene lugar cuando entramos en la conciencia atemporal. En ese momento, estaremos en un estado de dicha absoluta.

Tercer compromiso: Nos preguntaremos cuál es la mejor manera en que podemos servir a la humanidad. Responderemos esa pregunta, y luego pondremos la respuesta en práctica. Utilizaremos nuestros talentos únicos para atender a las necesidades de nuestros congéneres los seres humanos; combinaremos esas necesidades con nuestro deseo de ayudar y servir a los demás.

Hagamos una lista de nuestras respuestas a estas dos preguntas: ¿Qué haría yo si no tuviera que preocuparme por el dinero y si a la vez dispusiera de todo el tiempo y el dinero del mundo? Si de todas maneras quisiéramos seguir haciendo lo que hacemos ahora, es porque estamos en Dharma, porque sentimos pasión por lo que hacemos, porque estamos expresando nuestros talentos únicos. La segunda pregunta es: “¿Cuál es la mejor manera en que puedo servir a la humanidad?” Respondamos esa pregunta y pongamos la respuesta en práctica.

Imagen de una flor de loto

Descubramos nuestra divinidad, encontremos nuestro talento único y sirvamos a la humanidad con él; de esa manera podremos generar toda la riqueza que deseamos. Cuando nuestras expresiones creativas concuerden con las necesidades del prójimo, la riqueza pasará espontáneamente de lo inmanifiesto a lo manifiesto, del reino del espíritu al mundo de la forma. Comenzaremos a experimentar la vida como una expresión milagrosa de la divinidad, no ocasionalmente, sino a toda hora. Y conoceremos la alegría verdadera y el significado real del éxito, el éxtasis y el júbilo de nuestro propio espíritu.

Deepak Chopra

18 de febrero

El siguiente relato pertenece al libro “Por la fe a la justicia”. Su autor es Carlos G. Vallés, un sacerdote jesuita discípulo del padre Anthony de Mello. No todos tenemos una vocación religiosa tan profunda. Y tampoco compartimos necesariamente las mismas creencias. Pero esta historia puede sernos útil a todos por igual: precisamente cuando nos sentimos abrumados por los problemas, es cuando tenemos frente a nosotros una valiosa oportunidad de comprender, de reconocer, de recordar que somos parte de un Poder Superior al que siempre podemos recurrir…

Ilustración de un espíritu femenino que representa al vuelo y al viento (Título: The Spirit of Flight, Autor: Josephine Wall)

El elefante y el cocodrilo

Un amigo mío explicaba esta historia personal suya, o quizá fuese sólo una parábola. Una vez, decía, estaba yo sentado en un departamento del tren, y un niño pequeño estaba a mi lado y comenzó a hacer preguntas como los niños hacen siempre. Me preguntó: “¿Cuándo arrancará el tren”? Yo sentí la oportunidad y contesté muy serio: “El tren echará a andar cuando nosotros empecemos a empujar”. El niño abrió sus grandes ojos con sorpresa: “¿De veras?”, “De veras”, dije yo. “¿Si no empujamos no arranca?”; “No puede arrancar. Una vez que empiece, ya va por su cuenta, pero para que arranque tenemos que empujar”, le dije. “Entonces vamos a empujar”. “Enseguida; sólo espera un poco a que suban todos los pasajeros. Ya te diré cuándo hay que empezar”. Me fijé en el reloj de la estación para estar al tanto de la hora exacta, vi la luz roja cambiar a la amarilla, oí el pitido del jefe de estación y le grité al niño: “¡Ahora!, ¡Empuja con toda tu alma!” Y él y yo nos pusimos a empujar con todas nuestras fuerzas contra el panel del departamento hacia la máquina. El chico empujaba más y más, hasta que sus labios iniciaron una sonrisa y se le iluminó la cara. ¡El tren se movía! Muy despacio al principio, luego ganando velocidad poco a poco, y al fin a toda marcha. El chico estaba encantado. Viajaba en un tren que él mismo había ayudado a poner en marcha. No podía menos de sentirse satisfecho. Decirle que la locomotora funcionaba a vapor hubiera sido estropearle la fiesta. Ya le quedaría tiempo de sobra en la vida para averiguarlo.

Es bueno para el hombre, es el curso natural de los acontecimientos, es providencial para su desarrollo espiritual que empiece la vida con joven entusiasmo, que se crea que es un héroe, que piense que el tren arranca porque él lo empuja. Eso le hará empujar y trabajar y esforzarse, eso le hará rendir con toda la plenitud de sus facultades. Todo eso es importante para empezar bien y echar a andar. La tragedia llega cuando esa actitud, que es sólo actitud de principiante en la vida espiritual, continúa y se perpetúa de por vida, y el hombre maduro continúa empujando trenes como si fuera un niño. El que comienza con la oración, se lanza a conseguir la santidad personal como un estudiante trabajador se lanza a preparar un examen para sacar buenas notas. Eso va bien para empezar, pero el peligro es que esa actitud de “ejecutivo espiritual” puede convertirse en hábito de por vida y hacer mucho daño. Esa actitud sirve sólo para el primer lanzamiento; pero, si se continúa indefinidamente, pronto comenzará a causar inquietud, frustración y desesperación, con la tentación persistente de echarlo todo por la borda, ya que, por muchos esfuerzos que haga, no consigue nada. Los trenes no se mueven cuando los empujamos.

Ilustración de una niña enviando un beso a través del tiempo y el espacio (Título: Child of the Universe, Autor: Josephine Wall)

Quiero definir la actitud práctica tal y como yo la entiendo. Para empezar, esfuérzate con toda tu alma, sin olvidarte de Dios, desde luego, pero casi como si en la práctica fueras a conseguir la perfección por ti mismo, y sigue creyendo bastante tiempo que así es como de hecho sucede. Luego, y este “luego” puede llevar años, frena un poco, mira atrás, examina tus experiencias, sé honesto contigo mismo y admite ante tu conciencia que no estás llegando a ninguna parte, que la perfección está más lejos que cuando empezaste, que aún no eres santo ni llevas camino de serlo, que rezas peor que al principio y tienes más distracciones y tentaciones que nunca; y vuélvete a Dios y reconoce que sólo de su misericordia y de su gracia puedes esperar ayuda para avanzar y conquistar. Si no haces todo lo que está en tu mano y fallas, nunca puedes llegar a ser de veras humilde, porque te seguirás diciendo por lo bajo que si lo hubieras intentado más en serio, lo habrías conseguido. Haz todo lo que puedas, ten la satisfacción de que no has escatimado nada, déjate sentir en pleno la futilidad de tus esfuerzos por sí solos, admite la derrota, y vuélvete a Dios, entrégate a él y abre tu vida de par en par a la acción de su gracia. La fe fecundará tus esfuerzos, y tu vida dará fruto. Estás en buenas manos.

Una historia de la mitología india. El elefante del dios Indra, Gajendra, había ido a bañarse en el río. El elefante es símbolo de fuerza y poder, de autosuficiencia cuando se trata de tirar o empujar o luchar o abrirse paso por donde sea. No necesita la ayuda de nadie para dominar la selva y vivir su vida. Y, sin embargo, esta vez Gajendra tenía problemas. Un cocodrilo del río se había acercado sigilosamente, había apresado una de sus patas delanteras en sus mandíbulas y lo estaba empujando hacia la corriente de las aguas profundas. El elefante se resistía, pero sin éxito. El agua no era su elemento, sus pies resbalaban en el barro, y el dolor producido por los dientes del cocodrilo lo cegaba y enfurecía. Gajendra tiraba con toda su alma, quería salvar la vida, el prestigio, el puesto del más fuerte habitante de la selva. Lo haría una vez más como siempre lo había hecho; era sólo cuestión de reunir todas sus fuerzas y liberarse de una vez. Lo intentó. Y perdió más terreno. Viendo entonces que pronto iba a desaparecer bajo las aguas y no quedaría ni rastro suyo, cambió de táctica. Se acordó de Dios y rezó, como hasta los elefantes pueden rezar en las leyendas para dar ejemplo al hombre: “No puedo salvarme por mis propias fuerzas. ¡Me hundo! ¡Sálvame!” En aquel mismo instante apareció el dios Visnú, montado en su águila Garuda, y salvó a Gajendra de los dientes del cocodrilo y de su propia soberbia. El auxilio divino apareció cuando el ser más fuerte de la tierra reconoció que ya no podía más.

Parábola de gracia y de fe. Dios viene cuando el hombre reconoce su propia limitación. Cuando abandonamos nuestra soberbia es cuando nos abrimos a la fe. Entonces comienza la mejor etapa de la vida.

Carlos G. Vallés

Las ilustraciones son de Josephine Wall.

16 de febrero

Hola! Aquí estoy después de tanto tiempo…

Vuelvo a escribir en este blog al que tanto quiero, después de muchos meses. En estos últimos tiempos la actividad en “Amarse a uno mismo” se limitó a la generada por a las visitas de quienes lo encuentran a través de Google… Para esos visitantes no había muchas señales de que el blog estaba “detenido”.

Pero ahora tengo algunos artículos ya preparados y siempre hay videos interesantes para compartir, por lo que espero volver a publicar novedades con regularidad.

Los que visitan este sitio después de mucho tiempo encontrarán un nuevo diseño (más colorido y más “moderno”) y algunos otros cambios, como la presencia de “Amarse a uno mismo” en Facebook y en Twitter y la posibilidad de compartir los artículos a través de esas nuevas “redes sociales”.

Y para comenzar esta nueva etapa, un video muy inspirador (que en realidad es una publicidad), que nos recuerda a través de diferentes situaciones que aquello que nos provoca temor y que puede llegar a paralizarnos, normalmente no tiene una existencia real… es sólo una ilusión que deja de afectarnos cuando conseguimos tomar la decisión de enfrentarla.

Axel Piskulic

Video “Atrévete. Cambia.” (publicidad de Falabella, subtítulos en español)

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