
Estos animalitos parecen estar un poco tristes. O por lo menos muy, muy serios.
Y es que…
Tal vez a esta ardilla no le alcanza con saber muy bien cómo acaparar lo necesario para hacer frente a un largo período de escasez. Es que la felicidad no depende de lo que tengamos guardado, ni aunque se trate de una verdadera fortuna.
Quizás este monito sea el habitante más inteligente de toda la selva, pero no se lo ve muy contento… La inteligencia y la felicidad no van necesariamente de la mano.
La proverbial sabiduría del búho tampoco parece conducir a la felicidad. Podemos creer que conocemos todas las respuestas y todavía seguir preguntándonos cómo alcanzar la felicidad…
La seguridad de un refugio siempre disponible y hecho a su medida, no parece garantizarle la felicidad a esta tortuga. La seguridad no nos hace sentir felices, sino que es al revés: la auténtica felicidad nos hace sentir seguros…
La capacidad de intimidar a los demás con una mirada como ésta tal vez nos permita manipular a algunas personas. Pero no contribuye precisamente a alcanzar la felicidad.
Y también podemos ser grandes conversadores y tener una vida social muy animada…
…o ser muy originales y llamar siempre la atención…
…o hasta podríamos llegar a conseguir que todo el mundo nos considere adorables… y aún así no sentirnos felices.
Es que la felicidad no depende de ninguna de estas cosas. No tiene que ver con posesiones ni relaciones ni talentos. Es un estado de plenitud que sólo podemos encontrar en nuestro interior, el único lugar donde podemos descubrir, para luego compartir, el auténtico amor.
Axel
Las ilustraciones son de Fabo, un talentoso artista hondureño.
Este elefante parece estar dando testimonio acerca de que la felicidad no depende de lo “alto” que hayamos conseguido llegar en nuestra vida…

Este video tan original combina varias ideas muy valiosas, y lo hace con creatividad, belleza e inocencia. Vale la pena mirarlo con mucha atención. Lo vi por primera vez en el sitio Nada irreal existe (un excelente blog acerca de Un curso de milagros), y tal vez lo más curioso es que se trata simplemente de una publicidad de pastillas.
Hola, tienes JavaScript desactivado o una versión antigua de Adobe Flash Player. Consigue la última versión de Flash Player.
Me emociona verte… tan valiente, enfrentándote a este increíble monstruo (una criatura pavorosa a la que seguramente fuiste a buscar a lo más profundo de tus pesadillas), preparado para un combate disparatadamente desigual.
Me resulta conmovedor verte… asustado, sí, pero sin retroceder ni un solo paso, y sin bajar esa espada tan chiquita aunque parezca que no tengas ninguna posibilidad de salvarte…
Y sin embargo, aunque sea difícil de creer, esta escena tiene un final feliz. Tan feliz como inesperado y sorprendente.
Ahora que estás tan cerca del monstruo, de esa exagerada representación de todos tus temores, te das cuenta de que en realidad no hay ningún peligro. En un solo instante comprendés que semejante monstruo no podía ser real… que nunca fue real. Es como si te despertaras de un mal sueño. Podés ver, por primera vez y con toda claridad, que aquello que te provocaba tanto miedo (o preocupación o angustia o dolor o tristeza) simplemente no puede afectarte.
Y todavía una sorpresa más: ya no te sentís como si fueras un conejito. Descubriste tu verdadera naturaleza y sabés que ya nada volverá a limitarte…
Axel
Una cita de Un Curso de Milagros:
Son únicamente tus pensamientos los que te causan dolor. Nada externo a tu mente puede herirte o hacerte daño en modo alguno. No hay causa más allá de ti mismo que pueda abatirse sobre ti y oprimirte. Nadie excepto tu mismo, puede afectarte. No hay nada en el mundo capaz de hacerte enfermar, de entristecerte o de debilitarte. Eres tú el que tiene el poder de dominar todas las cosas que ves reconociendo simplemente lo que eres.
Lección 190, 5.1-6
Hace unos días me plantearon este problema de ingenio:
Hay seis vasos, tres llenos y tres vacíos, dispuestos como los de la imagen anterior. El problema consiste en ordenarlos como se muestra en la imagen siguiente, pero moviendo sólo uno de los vasos:
(La solución, al final de este artículo…)
Es interesante ver que estos problemas, que al principio pueden parecer complicados o hasta imposibles de resolver, finalmente tenían una solución muy simple.
Nuestra propia existencia encierra algo así como un “problema de ingenio”, cuya solución nos reportaría un bienestar desconocido: el momento presente, es decir, ese único instante en el que todas las cosas suceden, encierra un tesoro de alegría, plenitud y paz que tal vez sólo hemos experimentado en algunas circunstancias excepcionales. (Continúa aquí…)