27 de diciembre
Todos podríamos alcanzar la felicidad plena, aquí y ahora. Aunque resulte muy difícil hacer de esta idea una experiencia real y permanente, Maestros de distintas tradiciones la expresaron de diferentes maneras, en todas las épocas.

Estoy reuniendo algunas citas, pero mientras tanto quería compartir el siguiente relato (muy breve) de Jorge Luis Borges, que es, en realidad, su versión de uno de las narraciones más originales y sugestivas de Las mil y una noches. Se trata de una parábola que propone que la búsqueda del bienestar o de la felicidad “afuera” de nosotros mismos puede conducirnos a la comprensión de que ese estado tan anhelado siempre estuvo a nuestro alcance en nuestro interior… precisamente aquí y ahora.
HISTORIA DE LOS DOS QUE SOÑARON
Cuentan hombres dignos de fe que hubo en El Cairo un hombre poseedor de riquezas, pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió menos la casa de su padre, y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan.
Trabajó tanto que el sueño lo rindió una noche debajo de una higuera de su jardín y vio en el sueño un hombre empapado que se sacó de la boca una moneda de oro y le dijo: “Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla”. A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros del desierto, de las naves, de los piratas, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres.
Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la mezquita, una casa y por decreto de Alá Todopoderoso, una pandilla de ladrones atravesó la mezquita y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron con el estruendo de los ladrones y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea.
El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de El Cairo y le menudearon tales azotes con varas de bambú que estuvo cerca de la muerte. A los dos días recobró el sentido en la cárcel. El capitán lo mandó buscar y le dijo: “¿Quién eres y cuál es tu patria?” El otro declaró: “Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es Mohamed El Magrebí”. El Capitán le preguntó: “¿Qué te trajo a Persia?” El otro optó por la verdad y le dijo: “Un hombre me ordenó en un sueño que viniera a Isfaján, porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y veo que esa fortuna que prometió deben ser los azotes que tan generosamente me diste”.

Ante semejantes palabras, el capitán se rió hasta descubrir las muelas del juicio y acabó por decirle: “Hombre desatinado y crédulo, tres veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo, en cuyo fondo hay un jardín, y en el jardín un reloj de sol y después del reloj de sol una higuera y luego de la higuera una fuente, y bajo la fuente un tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, engendro de mula con un demonio, has ido errando de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño. Que no te vuelva a ver en Isfaján. Toma estas monedas y vete.”
El hombre las tomó y regresó a su patria. Debajo de la fuente de su jardín (que era la del sueño del capitán) desenterró el tesoro. Así Alá le dio bendición y lo recompensó.
Jorge Luis Borges
14 de diciembre
Seguramente muchas personas, aunque no se interesen especialmente por los temas “espirituales”, estarían de acuerdo con el siguiente proverbio: “Vigila tus pensamientos, porque ellos se transformarán en palabras. Vigila tus palabras, porque ellas se convertirán en actos. Vigila tus actos, porque ellos se volverán tus hábitos. Vigila tus hábitos, porque ellos constituirán tu carácter. Y vigila tu carácter, porque él forjará tu destino.”

Una idea un poco más “audaz” acerca de cómo creamos nuestra propia realidad es la que propone la “Ley de Atracción”: en todo momento estamos atrayendo a nuestras vidas el tipo de situaciones que refuerzan nuestros estados de ánimo. Si nos sentimos bien, atraemos situaciones que nos hacen sentir bien; si nos sentimos mal, atraemos situaciones que nos hacen sentir mal.
Por otro lado, Un Curso de Milagros nos dice que el mundo que percibimos es una construcción de nuestro ego, que hace los ajustes necesarios para que la idea de la separación (de Dios y de nuestros hermanos) nos parezca real. A través del perdón podemos cambiar este sueño, en el que nos mantiene el ego, por un “sueño feliz” del que es fácil despertar y volvernos conscientes de cuál es nuestra verdadera naturaleza.
Y por último, la técnica hawaiana del Ho’oponopono parece desafiar nuestra capacidad de comprensión: toda circunstancia que pase a formar parte de nuestra vida, aunque sea sólo una noticia acerca de algo que sucede en un país lejano, es la proyección de una parte de nuestra mente. Somos completamente responsables de todo lo que pasa en nuestro mundo…
Asumiendo que tenemos este infinito poder creador, te propongo otra descripción de cómo es el proceso de creación de nuestra propia realidad, pero en este caso enfocada en el tipo de relación que tenemos con nosotros mismos:
Si no estamos conformes con quiénes somos, si tenemos una opinión desfavorable acerca de nosotros mismos o si nos criticamos permanentemente, es decir, si nos tratamos sin amor, esa acumulación de juicios negativos nos conducirá inevitablemente a experimentar culpa. En el sistema de creencias del ego, a la culpa le corresponde un castigo; y para que nuestra vida se ajuste a esa percepción equivocada que tenemos de nosotros, modificaremos nuestra realidad (de manera inconsciente) para recibir efectivamente ese castigo, el que nos llegará en la forma de conflictos, fracasos o enfermedades.

Pero si nos sentimos a gusto tal como somos, si tenemos una relación saludable con nosotros mismos, si somos capaces de vernos amorosamente en cualquier circunstancia, es decir, si nos queremos sin condiciones, entonces nos sentiremos naturalmente merecedores de todo lo bueno, de cualquier cosa que anhelemos. Y ejerciendo nuestra milagrosa facultad de crear, haremos que nuestra vida refleje la plenitud, el bienestar y el amor que desarrollamos primero en nuestro mundo interior.
Axel Piskulic
5 de diciembre

En la película The Truman Show, el protagonista es a su vez el involuntario personaje principal de un “reality show” muy particular. Él lo ignora, pero desde su primer día de vida todo lo que sucede a su alrededor está escrito en un guión y representado por actores profesionales. Mientras tanto, en todo momento está siendo filmado y sus reacciones son transmitidas en directo por el programa de televisión de mayor “rating”, precisamente “The Truman Show”.
Se puede establecer una interesante correspondencia entre el engaño del que es víctima Truman en la película, y lo que está ocurriendo en todo momento en el interior de cada uno de nosotros.
La vida de Truman se ajusta a un guión. Él no lo sabe, pero no es realmente libre. Salvando las distancias, nosotros somos víctimas de estrictos condicionamientos familiares y culturales de los que no podemos apartarnos fácilmente.
Quienes acompañan a Truman en su vida de ficción fueron cuidadosamente seleccionados a través de un “casting”. Inconscientemente, nosotros también elegimos sólo la compañía de las personas que nos permiten representar nuestro “guión”.
Truman no cuestiona algunas circunstancias muy sospechosas de la vida que le es impuesta, simplemente porque nadie a su alrededor las cuestiona tampoco. Y acepta sin mucho análisis las endebles explicaciones que recibe cuando plantea sus primeras dudas. En nuestra sociedad, conductas como el consumo o la búsqueda de éxito económico le dan un muy discutible sentido a la vida, que muchas personas prefieren no cuestionar.
El “mejor amigo” de Truman, a quien finalmente él acude para plantearle que comienza a sospechar que ese mundo en el que viven es una farsa, intenta por todos los medios sostener el engaño, traicionándolo una vez más. Es como nuestro ego, que con falsas promesas nos convence una y otra vez de seguir viviendo en la ilusión.
El miedo, en la forma de una fobia al agua, al océano, que le es inculcada a Truman desde muy chico para poder luego manipularlo, es la última barrera que tiene que superar para poder alcanzar la libertad. También nosotros imaginamos todo tipo de peligros que nos impiden tomar algunas decisiones liberadoras en nuestras vidas.
El productor del programa de TV, al poder controlar absolutamente todo lo que sucede en el mundo de Truman (que en realidad es un enorme set de filmación), es el equivalente a ese Poder que llevamos dentro, capaz literalmente de llevar a cabo verdaderos milagros. Nuestro destino es escapar de esta realidad en la que parecemos estar atrapados, luego de haberla construido hasta en sus detalles más realistas con el auxilio de este Poder.
Finalmente, a Truman lo guían su intuición, el anhelo de ser libre y el amor de la única persona que fue honesta con él. Como a él, también a nosotros nos espera la libertad y, por suerte, también somos guiados a través de la intuición, el anhelo de libertad y el amor…
Axel Piskulic