
En las reuniones de Un Curso de Milagros a las que siempre asisto, muchas veces me tienen que recordar que es necesario recurrir permanentemente a un Poder Superior, que está siempre a nuestro alcance y a nuestra disposición. En el lenguaje de Un Curso de Milagros ese Poder es el Espíritu Santo, que está en cada uno de nosotros. Lógicamente podemos llamarlo de otra manera, de acuerdo a nuestras propias creencias.
Poner en Sus manos los conflictos que no sabemos resolver, las emociones negativas de las que no podemos liberarnos, o cualquier otro problema que nos aflija y para el cual no encontramos solución, es realmente lo único que se requiere de nosotros para poder superarlos.
Para que se resuelvan, sólo es necesaria esa señal de buena voluntad de nuestra parte: la sincera decisión de “entregarlos”. Y es así de simple precisamente porque la existencia de esos problemas o conflictos no es real, sino que depende de nuestra percepción, es decir, de nuestra propia interpretación de la realidad.

Más que de los conflictos en sí, nos vamos desprendiendo de los viejos pensamientos y creencias con los que los construimos…
Axel
El siguiente texto fue escrito por Facundo Cabral:
No estás deprimido, estás distraído, distraído de la vida que te puebla. Distraído de la vida que te rodea: delfines, bosques, mares, montañas, ríos. No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano cuando en el mundo hay 5,600 millones.

Además no es tan malo vivir solo. Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer, y gracias a la soledad me conozco, algo fundamental para vivir.
No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y Rubinstein interpretaba como nadie Chopin a los 90. Sólo por citar dos casos conocidos.
No estás deprimido, estás distraído, por eso crees que perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado. No hiciste ni un solo pelo de tu cabeza por lo tanto no puedes ser dueño de nada. Además, la vida no te quita cosas, te libera de cosas. Te aliviana para que vueles más alto, para que alcances la plenitud. De la cuna a la tumba es una escuela, por eso lo que llamas problemas son lecciones. (Continúa aquí…)
El precepto cristiano que nos dice que frente a una ofensa debemos “poner la otra mejilla”, propuesto por Jesús en El Sermón de la Montaña, parece contradecir el sentido común.

Cuando yo era chico (¡hace unos cuantos años!) había una serie de televisión de mucho éxito: Kung Fu. Su protagonista, el inolvidable Kwai Chang Caine, se pasaba los primeros 55 minutos de cada capítulo “poniendo la otra mejilla”, siempre en situaciones en las que era discriminado, maltratado o perseguido. Sin embargo, la mejor parte era el final: esos últimos 5 minutos en los que las circunstancias se volvían tan dramáticas que ya no tenía más opciones que utilizar, ¡por fin!, su completo dominio del Kung Fu, y entonces era realmente implacable… (Continúa aquí…)