

En el libro Un Curso de Milagros encontramos muchas veces, repetida de diferentes maneras, la idea de que en realidad “nunca estamos enojados por la razón que creemos”.
Sin embargo, cada vez que nos enojamos “sabemos” con absoluta claridad con quién estamos enojados y exactamente por qué motivo.
Esta aparente confusión se aclara cuando comprendemos el mecanismo de la proyección: (Continúa aquí…)
Puede decirse de David Hoffmeister que es un Maestro o que alcanzó la iluminación, pero tal vez sea más efectivo presentarlo simplemente como alguien a quien hace bien escuchar.
El primer contacto que tuve con la figura de David fue a través de una sencilla anécdota. La persona que la relató explicó primero que durante muchos años había elegido para sus vacaciones alguna ciudad de la costa, siempre en las últimas semanas del verano, porque le gustaba mucho la playa especialmente cuando no había tanta gente.
Pero le resultaba muy triste ver la gran cantidad de perros abandonados que recorrían las playas en esa época del año porque sabía que eran las mascotas que ciertos padres desaprensivos habían comprado para sus hijos al comienzo del verano y que ahora dejaban abandonadas simplemente porque les resultaba incómodo llevarlas a casa y cuidar de ellas el resto del año.

En una de sus visitas a la Argentina, David pasó unos días en la playa, en una de esas ciudades de la costa, precisamente a finales del verano. Pero al volver a Buenos Aires destacó que lo más maravilloso de todo el viaje fue su inolvidable encuentro con los perros en la playa. Sabía que habían sido abandonados pero para él, además, estaban llenos de alegría, completamente libres, jugando, disfrutando y respondiendo con amor a cualquier gesto cariñoso.
El relato de esta anécdota terminó con la siguiente reflexión: No vemos el mundo tal como es, sino tal como somos. Ahí donde sólo veíamos criaturas abandonadas, David, más consciente que nosotros de nuestra verdadera naturaleza, podía ver mucho más…
Axel