21 de septiembre
Nathaniel Branden es un psicoterapeuta canadiense cuya obra está enfocada en el estudio de la autoestima, campo en el que fue pionero. Partiendo desde la psicología llegó a conclusiones equivalentes a las de quienes abordaron la misma problemática pero desde un punto de vista “espiritual”, como Louise L. Hay.
El siguiente es un fragmento de su libro “Los seis pilares de la autoestima”:
La autoestima se manifiesta de una manera sencilla y directa. Cuando observamos en una persona la mayoría de las siguientes cualidades, seguramente estamos frente a alguien que tiene un saludable nivel de autoestima:
- La autoestima proyecta el nivel de placer que experimenta una persona por el solo hecho de estar viva, en la expresión de su rostro, en su modo de hablar y en su lenguaje corporal.
- La autoestima se expresa en la tranquilidad con la que se habla de las virtudes y de los defectos, de forma directa y honesta.
- La autoestima se manifiesta en la comodidad y el placer que la persona experimenta al dar y recibir cumplidos, afecto o amor.
- La autoestima se reconoce por la apertura a las críticas y la capacidad de reconocer los errores. No está ligada a la imagen de “ser perfecto”.
- La autoestima puede observarse en la armonía que existe entre lo que se dice y lo que se hace.
- La autoestima se revela en la actitud de mostrar curiosidad y estar abierto a nuevas ideas, nuevas experiencias o nuevas posibilidades.
- La autoestima se manifiesta en la capacidad de disfrutar de los aspectos alegres de la vida, de uno mismo y de los demás.
- La autoestima se expresa a sí misma en la flexibilidad personal al responder a obstáculos y desafíos, ya que se confía en uno mismo y no se ve la vida como algo desagradable o penoso.
- La autoestima se reconoce en un comportamiento firme (no inflexible) consigo mismo y con los demás.
- La autoestima permite conservar el equilibrio emocional en situaciones de estrés.
- Cuando los sentimientos de ansiedad o inseguridad, si aparecen, son razonablemente fáciles de controlar y trascender, el nivel de autoestima suele ser elevado.
- La tranquilidad y la espontaneidad van de la mano de la autoestima. Reflejan el hecho de que la persona no está en guerra consigo misma.
Otros libros de Nathaniel Branden son: “El poder de la autoestima”, “Psicología de la autoestima”, “El respeto hacia uno mismo”, “Cómo incrementar su autoestima”, “Autoestima para todos los días”, “Autoestima en el trabajo” y “La autoestima de las mujeres”.
También por Nathaniel Branden: “Cómo mejorar su autoestima”
El siguiente texto fue escrito por el Dr. Joe Vitale. La historia que nos cuenta y sus reflexiones encierran un desafío y una bendición: la realidad externa a nosotros es nuestra propia creación individual y, si aceptemos plenamente este hecho, podemos sanarla a través del amor.

Hace unos años, escuché hablar de un terapeuta en Hawaii que curó un pabellón completo de pacientes criminales con serias patologías (locos) sin siquiera ver a ninguno de ellos. El psicólogo estudiaba la ficha del recluso y luego miraba dentro de si mismo para ver cómo él (el psicólogo) había creado la enfermedad de esa persona. En la medida en que él mejoraba, el paciente mejoraba también.
La primera vez que escuché hablar de esta historia, pensé que era una leyenda urbana. ¿Cómo podía cualquiera curar a otro tratando de curarse a si mismo? Y, ¿cómo podía, aunque fuera un verdadero maestro, con un gran poder de autocuración, sanar a criminales insanos? No tenía ningún sentido, no era lógico. De modo que descarté esta historia.
Sin embargo, la escuche nuevamente un año después. El terapeuta había usado un proceso de sanación hawaiano llamado “Ho´oponopono”. Nunca había oído hablar de esta técnica, sin embargo no podía dejar de pensar en esa historia. Si era totalmente cierta, yo tenía que saber más.
Siempre había entendido que “total responsabilidad” significaba que soy el responsable de lo que pienso y hago. Pero lo que esté mas allá, está fuera de mis manos. Creo que la mayor parte de la gente piensa lo mismo acerca de la responsabilidad: somos responsables de lo que hacemos, no de lo que los otros hacen. Pero eso no es así.
El terapeuta Hawaiano que sanó a esas personas mentalmente enfermas, el Dr. Ihaleakalá Hew Len, me enseñaría una nueva perspectiva acerca de lo que es la total responsabilidad. Probablemente hayamos hablado una hora en nuestra primera conversación telefónica. Le pedí que me contara la historia completa de su trabajo como terapeuta.
Me explicó que había trabajado en el Hospital Estatal de Hawaii durante cuatro años. El pabellón donde encerraban a los enfermos criminales era peligroso. Por regla general los psicólogos renunciaban al mes de trabajar allí. La mayor parte de los miembros del personal se enfermaban al poco tiempo o simplemente renunciaban. La gente que atravesaba el pabellón caminaba con sus espaldas contra la pared, temerosos de ser atacados por los pacientes. No era un lugar placentero para vivir, ni para trabajar ni para visitar.
El Dr. Len me dijo que el nunca vio a los pacientes. Acordó tener una oficina y estudiar los legajos. Mientras miraba esos legajos, trabajaba sobre si mismo. Y mientras lo hacía, los pacientes mejoraban.
“Luego de unos pocos meses, a los que debían permanecer encadenados se les podía permitir que caminaran libremente” me dijo. “A otros, a quienes tenían que mantener permanentemente medicados, se les podía reducir las dosis. Y algunos, que no hubieran tenido jamás la posibilidad de ser liberados, fueron dados de alta”. Yo estaba asombrado. “No solamente eso”, continuó, “sino que el personal comenzó a disfrutar de su trabajo.”

“El ausentismo y los cambios de personal disminuyeron drásticamente. Terminamos con más personal del que necesitábamos porque los pacientes eran liberados, pero todo el personal venía a trabajar. Hoy ese pabellón está cerrado.”
Aquí es, lógicamente, donde le hice la pregunta del millón de dólares: “¿Qué estuvo haciendo usted consigo mismo que provocó el cambio en esas personas?”
“Simplemente estaba sanando la parte de mí que había creado sus enfermedades”, dijo él. No entendí. El Dr. Len me explicó que la total responsabilidad se extiende a todo lo que está presente en tu vida, simplemente porque está en tu vida. Es tu responsabilidad en un sentido literal. Todo el mundo es tu creación.
¡Uau! Esto es muy difícil de aceptar. Ser responsable por lo que yo hago o digo es una cosa. Pero ser responsable por lo que cualquiera que esté en mi vida haga o diga, es otra muy distinta. Si asumes completa responsabilidad por tu vida, entonces todo lo que ves, escuchas, saboreas, tocas o experimentas, de cualquier forma, es tu responsabilidad. Esto significa que la actividad terrorista, el presidente de tu país, la economía o cualquier cosa que experimentas y no te gusta, están allí para que tu las sanes. No existen, por decirlo así, excepto como proyecciones que salen de tu interior. El problema no está ahí afuera, está en ti, y para resolverlo, tú debes cambiar.
Sé que esto es difícil de aceptar, mucho menos de vivirlo realmente. Echarle a otro la culpa es mucho más fácil que asumir la total responsabilidad. Pero mientras hablaba con el Dr. Len, comencé a comprender que esta sanación tan particular, el Ho’oponopono, significa amarse plenamente a uno mismo.
Si deseas mejorar tu vida, debes sanar tu vida. Si deseas curar a cualquiera, aún a un criminal mentalmente enfermo, lo haces curándote a ti mismo.
Le pregunté al Dr. Len cómo se curaba a si mismo, qué era lo que hacía exactamente cuando miraba los legajos de los pacientes.
“Simplemente decía ‘Lo siento’ y ‘Te amo’, una y otra vez” explicó él: “Lo siento… Te amo”
“¿Sólo eso?”
“Sólo eso.”
“Resulta que amarte a ti mismo es la mejor forma de mejorarte a ti mismo. Y mientras te mejoras a ti mismo, mejoras tu mundo.”
Permíteme darte un rápido ejemplo de como funciona esto: en una oportunidad recibí un e-mail muy agresivo, que me desequilibró. Normalmente hubiera intentado manejar la situación trabajando sobre mis aspectos emocionales más negativos o tratando de razonar con la persona que envió el mensaje. Esa vez decidí probar el método el Dr. Len. Me puse a pronunciar silenciosamente “lo siento” y “te amo”. No lo decía a nadie en particular. Simplemente estaba invocando el espíritu del amor para sanar, dentro de mí, lo que estaba creando esa circunstancia externa.
En el término de una hora recibí otro e-mail de la misma persona. Se disculpaba por el mensaje anterior. Ten presente que no realicé ninguna acción externa que provocara la disculpa. Ni siquiera contesté el mensaje. Sin embargo, sólo diciendo “te amo”, de algún modo sané dentro de mí lo que estaba creando en él.

Más tarde asistí a un taller de Ho’oponopono dirigido por el Dr. Len, que tiene ahora más de 70 años y es un chaman venerable y solitario.
Alabó mi libro, “El Factor Atractivo”. Me dijo que mientras yo me mejore a mí mismo, la “vibración” de mi libro aumentará y todos lo sentirán cuando lo lean. En resumen: a medida que yo me mejore, mis lectores mejorarán.
“¿Y qué pasará con los libros que ya he vendido y han salido de mí?” pregunté.
“No han salido realmente”, explicó una vez más soplando en mi mente su sabiduría mística. “Aún están dentro de ti”. En resumen: no hay afuera. Me llevaría un libro entero intentar explicar esta técnica con la profundidad necesaria, para transmitir algo así como que cuando desees mejorar cualquier aspecto o situación en tu vida, hay sólo un lugar donde intentarlo: dentro de ti. Y cuando mires allí, hazlo con amor”.
Dr. Joe Vitale
La técnica de Ho’oponopono nos permite sanar nuestra mente. Si vemos situaciones desagradables a nuestro alrededor, estarían reflejando áreas de nuestra propia mente que necesitan sanación.
Hemos aceptado la creencia en que hay personas y situaciones “ahí afuera” con las que no estamos unidos y que están fuera de nuestro control. Sólo nos queda intentar cambiarlas o negociar con ellas o adaptarnos.
En cambio esta técnica, Ho’oponopono, propone que somos 100% responsables de todo lo que pasa a nuestro alrededor. Entonces, cada vez que algo desagradable pase a formar parte de nuestras vidas, cualquier suceso o encuentro que nos resulte molesto en cualquier forma, podemos sanar la parte de nuestra mente que lo creó o que lo convocó.
La técnica puede aplicarse así:
Y por último un enlace para escuchar una conferencia muy interesante (aunque bastante polémica y provocadora): Webinario de Ho’oponopono.
Axel Piskulic
2 de septiembre
PERDONAR ES IMPOSIBLE CUANDO…
…confiamos en nuestras emociones negativas, que nos señalan a otro como responsable de nuestro dolor.
…sentimos que la única solución aceptable de un conflicto o de cualquier situación que nos provoca dolor o angustia es que ocurra un cierto acontecimiento externo, y no un profundo cambio en nuestra interpretación de lo que está sucediendo.
…todavía experimentamos el dolor provocado por una ofensa.

PERO PERDONAR ES FÁCIL CUANDO…
…comprendemos que sólo nuestras emociones y las actitudes que tenemos hacia nosotros mismos nos pueden causar dolor, y no los conflictos, las pérdidas, etc.
…nos amamos incondicionalmente, es decir, cuando nos amamos cualquiera sea nuestro desempeño, cualquiera sea la limitación nuestra que quede expuesta, cualquiera sea el desenlace de la situación en la que estemos envueltos.
…nos damos cuenta de que realmente no hay ofensas ni pérdidas ni conflictos. Cuando comprendemos que nuestra felicidad y plenitud no dependen de los acontecimientos externos, sino que es al revés: los acontecimientos externos sólo reflejan la profundidad del amor que sentimos por nosotros mismos.
Axel Piskulic